Templo Mayor | descubrimiento
English: Templo Mayor

Descubrimiento

Esculturas almacenadas.

Durante la época novohispana y posterior fueron descubiertos muchos vestigios prehispánicos, desde 1790 se tiene el hallazgo de Coatlicue, al poco tiempo fue el descubrimiento del calendario azteca, esta es una de las bases para calcular su ubicación, también, con base en las crónicas y los testimonios documentales Alfredo Chavero había propuesto en el siglo XIX la ubicación del mismo en el cruce de las principales avenidas de la antigua urbe.[17]

Entre el 6 y 16 de mayo de 1914 Gamio descubrió parte de la esquina suroeste de la Etapa III, quedando confirmada la ubicación del principal recinto ceremonial mexica, él tuvo la sospecha de dicha ubicación basándose en la localización del calendario solar (o azteca) ya que era algo demasiado importante para esta cultura y que no debía faltar en el recinto. Manuel siempre supo que no había descubierto el templo como tal,pero si sospechaba que se trataba de los recintos de Huitzilopochtli y Tláloc, tiempo después se confirmaría su sospecha, esto porque se encontraron cráneos (con los que se decoraba el recinto de ambos dioses), dedujo que el Templo Mayor debía estar debajo de las casas modernas de esa época y quería comprobarlo, el problema era que no podía porque las personas no estaban dispuestas a desalojar sus residencias y/o trabajos solo para ayudar a la ciencia, por lo que para enero de 1915 se vieron interrumpidas las excavaciones. El trabajo de Gamio se reanudó aproximadamente (no se han encontrado datos exactos) en noviembre de 1915, para evitar que las casas alrededor o que el templo sufrieran colapsos, siempre evitando la molestia de las personas que habitaban cerca.

Manuel se encargó de que se permitiera el acceso a personas tanto nacionales como extranjeras al descubrimiento arqueológico mientras se continuaban las excavaciones para 1916, desde abril de ese año hasta la actualidad se lleva un registro de personas que asisten. Algo por lo que se caracterizó Gamio fue que siempre pidió protección para los vestigios arqueológicos encontrados, se preocupó por la recuperación y conservación del templo

La zona arqueológica fue descubierta el 21 de febrero de 1978, por un grupo de trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, dirigidos por el Ing. Felipe Curcó Bellet, que realizaban trabajos de excavación con la finalidad de colocar cableado subterráneo del metro. Al bajar el nivel del piso uno de los trabajadores golpeó una piedra circular con relieves. Inmediatamente se comunicó con el Ing. Curcó, quien a su vez se contactó con Eduardo Matos Moctezuma al INAH. La piedra era una representación de la diosa de la luna (Coyolxauhqui), ésta se encontraba ubicada en la escalera derecha de la pirámide del templo mayor, el cual era el centro ceremonial azteca. Posteriores excavaciones rescataron gran parte del templo y el recinto ceremonial que lo rodeaba, que estaba sepultado al noreste de la Plaza de la Constitución debajo de las calles de Guatemala y Argentina, y se creía perdido desde tiempos de la colonia, tras la conquista de México, pues Hernán Cortés ordenó utilizar sus materiales para construir en su lugar otra ciudad, ya que además debía acabar con los cultos ajenos a la religión católica.

El hallazgo despertó gran interés en el entonces presidente José López Portillo, dando comienzo a uno de los hitos mas interesantes en la historia de la arqueología mexicana ya que reunió a arqueólogos, restauradores, químicos, geólogos, biólogos y otros especialistas con el fin de estudiar los vestigios del pasado que habían sido descubiertos de manera completamente fortuita.

Exprópiense las casas. Derríbense. Y descúbrase, para el día y la noche, el Templo Mayor de los aztecas
José López Portillo

[18]