Templo Mayor | interpretación
English: Templo Mayor

Interpretación

La interpretación del sentido de este complejo debe entenderse basándose en las concepciones religiosas mesoamericanas en general y luego a la luz de las aztecas en particular por la mezcla de elementos de otras culturas que se hallan presentes en el lugar.

La primera página del Códice Mendocino conteniendo una representación alegórica de Tenochtitlan.

En la cosmografía mesoamericana cada punto cardinal tenía un significado: así el mundo tenía forma de cuadrado dividido en cuatro partes y cuyo centro es el eje del universo. En la primera página del Códice Fejérváry-Mayer se representa precisamente a Tenochtitlán con sus cuatro secciones estructuradas por el Recinto del Templo Mayor en el centro. Igual en el Códice Mendoza que representa simbólicamente a Tenochtitlán en el centro con la imagen de su glifo, el águila en el nopal, representando a la vez a Huitzilopochtli (que ordenó la fundación de la ciudad) y a su santuario. Ambos santuarios en la cumbre corresponderían al último nivel de los cielos aztecas; Omeyocan (es decir el «lugar de la dualidad»; véase Ometéotl).

Relieve circular de la diosa Coyolxauhqui descuartizada, encontrado en el Templo Mayor.

Ciertas características del edificio se asocian con el mito originario azteca sobre el nacimiento de su dios tribal Huitzilopochtli en el cerro Coatepec (en náhua: Montaña de las serpientes)?. En este mito, el embarazo "milagroso" de la diosa madre Coatlicue enfurece a su hija Coyolxauhqui y a sus cuatrocientos hijos, los Centzon Huitznahua. Cuando deciden matar a su madre, ella parirá en la misma cumbre de Coatepec a Huitzilopochtli que desmiembra a su hermana y arroja los pedazos por la montaña. Luego persigue a sus hermanos y les extermina. El adoratorio de Huitzilopochtli en la cima del Templo Mayor simbolizaría Coatepec. Así comprendemos la presencia al pie de la escalera que llevaba a la cumbre la famosa escultura que representa a Coyolxauhqui desmembrada. Cuando una víctima era sacrificada en la cima del templo, su cuerpo era arrojado escaleras abajo, como una repetición simbólica del mito.

Además por otro lado, el Templo Mayor calmaría la sed de legitimidad del pueblo azteca: ciertos autores consideran que esta tribu recién llegada al escenario del valle de México sufría una especie de «complejo de inferioridad» por su inferior desarrollo cultural respecto a las civilizaciones conquistadas y por ello deseaban aparecer como sucesores de las grandes civilizaciones mesoamericanas, cuyas ruinas todavía se encontraban bajo sus pies, como las de Teotihuacán y las de los toltecas; para ello por ejemplo enterraron bajo el Templo Mayor máscaras que extrajeron de las ruinas de Teotihuacán y también imitaron detalles arquitectónicos como el perfil talud-tablero de Teotihuacán o los Chac Mool de Tula).

A la izquierda, los dos adoratorios con sus dioses representados, y a la derecha, el Tzompantli, altar recubierto de calaveras humanas.
El Tzompantli, altar recubierto de calaveras humanas. Como puede verse en la imagen, estos restos óseos en la actualidad se encuentran completamente petrificados.

El acabado del Templo Mayor era el de una pirámide doble: doble escalera y dos santuarios en su cumbre. Según Ester Pasztory, esta forma arquitectural, presente en otros lugares, permitía a los aztecas asociar a su dios tribal, Huitzilopochtli, con una divinidad principal del panteón mesoamericano, el dios de la lluvia, Tláloc. En este binomio rico en simbología algunos ven la asociación de la pequeña tribu nómada recién llegada al valle de México con las antiguas poblaciones sedentarios de la meseta central. El arqueólogo mexicano Matos Moctezuma ve además allí la expresión sacralizada de dos funciones económicas: Huitzilopochtli dirige la guerra que permite obtener tributo de los vencidos, mientras que Tláloc dirige las actividades agrícolas. También podemos ver allí la asociación del Norte árido representado por Huitzilopochtli y origen de la tribu azteca; y el Este húmedo y acuático representado por Tláloc.

El Templo Mayor era el lugar por excelencia de las cardiotomías, el sacrificio humano bajo su forma más corriente que era la extirpación del corazón. El mito azteca del Quinto Sol explica esta práctica: el universo es inestable porque depende de la continuidad del movimiento del sol y sería destruido si éste se para, por ello continuamente los hombres deben imitar a los dioses que se sacrificaron en Teotihuacán para que el sol se pusiese en movimiento. Aunque el sacrificio humano siempre existió en Mesoamérica, podemos preguntarnos porqué tomó un carácter tan crudo en los aztecas: según los cronistas, en 1487 entre 3.000 y 84.000 personas fueron sacrificadas durante los cuatro días que duró la reconsagración del Templo Mayor en el reinado de Ahuízotl — aunque estas cifras les parecen exageradas a ciertos autores por la dificultad técnica de matar tantas personas en tan poco tiempo.

Una de las teorías más difundidas para explicar este hecatombe es el giro ideológico que se efectuó durante una gigantesca hambruna hacia 1450, se le atribuye a Tlacaélel la idea de que se debió a la cólera de los dioses porque no se les abastecía suficientemente de sangre humana, que los aztecas designaban con una metáfora: «Chalchiuatl» ('agua preciosa'). Para poder asegurar este aprovisionamiento de víctimas, inventaron la institución de las «guerras floridas», una forma de guerra ritual donde en vez de matar se procuraba capturar a los guerreros enemigos para sacrificarlos.

Otra teoría (Ferrer, 2015) plantea que el sacrificio humano se imprimió en la cultura Azteca, porque este pueblo tenía un profundo miedo a que el quinto sol en verdad dejara de existir, ya que había quedado impresa en su memoria cosmogónica, la experiencia de la desaparición del anterior ciclo de culturas, representado en la extinción de los cuatro soles anteriores. Por ello, cada sacrificio humano constituía en realidad un sacro-oficio voluntario; un acto mágico prolongador de la vida humana en la tierra, el tlalticpac. ¿Cómo es que se imprimió en la cultura azteca este verdadero horror a la hecatombe cósmica? El mismo Ferrer (2015) apunta en su teoría que los aztecas en realidad "son parte del resto de los atlantes", los mismos de los que hablan el Critias y el Timeo, que lograron sobrevivir a la gran hecatombe cósmica provocada por el impacto fragmentado del cometa Clovis en Norteamérica, hará unos 12 mil años.