Richard Strauss | estilo e influencias

Estilo e influencias

A pesar de que en toda la música de Strauss encontramos unas características inconfundibles que marcan su estilo propio, la larga trayectoria de Strauss atraviesa distintos periodos.

Las primeras obras de Strauss muestran influencias del estilo de los grandes músicos clásico-románticos, especialmente Robert Schumann, Felix Mendelssohn y Johannes Brahms manteniendo en esto la fidelidad a las enseñanzas de su padre.

En 1874, Strauss escuchó por primera vez las óperas de Wagner, Lohengrin y Tannhäuser. La influencia de la música de Wagner en el estilo de Strauss iba a ser profunda, a pesar de las diferencias con su padre, cuyo gusto musical era bastante conservador. De hecho, en la familia Strauss la música de Richard Wagner siempre estuvo mal vista, y hasta los 16 años el joven Strauss no pudo conseguir la partitura de Tristán e Isolda. Posteriormente lamentó profundamente la hostilidad conservadora hacia las obras más renovadoras de Wagner.(Boyden, 1999) No obstante, la influencia de su padre fue también duradera, por lo menos en la predilección de Strauss por el sonido de la trompa. Su sorprendentemente maduro Concierto para trompa n.º 1 opus 11 (1882) compuesto a los 18 años, es una obra representativa de este primer período, y constituye un elemento básico del repertorio actual para este instrumento.

Retrato de Max Liebermann

El estilo maduro de Strauss se inicia en algunos de los primeros poemas sinfónicos de finales de los años 80, especialmente en Don Juan (1888), la primera obra en la que encontramos las características fundamentales de su lenguaje musical: un uso más libre de la armonía y la modulación clásicas, con gran facilidad para producir efectos sorprendentes e inesperados. La capacidad de sorpresa de su música se ve reforzada por su estilo melódico, basado en motivos muy cortos y fáciles de recordar, junto con su extraordinaria habilidad para la orquestación, que hace que sea considerado, junto con Mahler, uno de los precursores del sonido característico de la orquesta sinfónica del siglo XX.

En el aspecto formal, Strauss emplea frecuentemente formas clásicas como la sonata o el rondó, aunque de forma bastante libre, por lo que tiende a reforzar la coherencia mediante la ayuda externa de poemas (como sucede en sus canciones), ideas literarias o filosóficas (poemas sinfónicos) o libretos (óperas). El uso de elementos extramusicales así como su empleo del colorido armónico y orquestal hace que se le relacione frecuentemente con el impresionismo musical, por lo que no es extraña la admiración que sintieron hacia su música compositores como Debussy.

Tras la serie de poemas sinfónicos compuestos durante el siglo XIX, Strauss se centra en el género operístico, donde tras una etapa de fuerte influencia wagneriana, se acerca al expresionismo en Salomé (1905, libreto del músico) y Electra (1909, libreto ya de Hugo von Hofmannsthal), llegando en muchos casos al borde de la atonalidad. Esta etapa es relativamente breve, aunque encontramos elementos de la misma en óperas posteriores como La mujer sin sombra (1919) y otras colaboraciones decisivas con texto del escritor vienés Hugo von Hofmannsthal, de gran experiencia teatral, hasta la muerte de éste.

El caballero de la rosa (1911), que constituye uno de los mayores éxitos de Strauss, marca su vuelta a un estilo más clásico, básicamente influido por Mozart aunque manteniendo las características propias de su lenguaje. A partir de este momento son características de su estilo el empleo de formas antiguas, un uso nostálgico y evocador de elementos del pasado musical (danzas del siglo XVIII, y sobre todo, el vals del siglo XIX, a modo de homenaje a su homónimo Johann Strauss), así como el uso de pequeñas orquestas de instrumentos solistas, aspectos que hacen de él uno de los primeros representantes del neoclasicismo musical del siglo XX, en el que luego destacarán compositores como Stravinsky, Hindemith o Ravel.

Un buen ejemplo de este estilo neoclásico es su ópera Ariadna en Naxos (1912, asimismo con libreto de Hofmannsthal). Esta nueva etapa clásica se opone aparentemente al uso de amplias orquestas y grandes medios expresivos característicos de su música anterior, por lo que muchas veces se ha interpretado negativamente este cambio de estilo como una vuelta hacia atrás, a pesar de que Strauss sigue obteniendo grandes éxitos. Sus últimas obras, caracterizadas por una intensa emoción lírica, desmienten la idea de una decadencia o agotamiento en su fuerza creativa.

La música de Strauss ha influido en diversos e importantes compositores a lo largo del siglo XX, como los músicos de la Segunda Escuela de Viena, Bela Bartok, Alfredo Casella, Erich Wolfgang Korngold o Carl Orff. En España, un compositor muy influido por Strauss fue Conrado del Campo.(Marco, 1989)