Reino de Asturias | evolución histórica

Evolución histórica

Conquista musulmana y revuelta astur

Pelayo, vencedor en Covadonga y primer Rey de los astures.
Dice Isa ben Ahmad Al-Razi que en tiempos de Anbasa ben Suhaim Al-Qalbi, se levantó en tierras de Galicia un bárbaro ('ily = علج) llamado Pelayo.
Crónica de Al Maqqari

En el transcurso de la conquista musulmana de la península ibérica, las principales ciudades y centros administrativos de la Península fueron cayendo en manos de las tropas del Emirato de Córdoba. El dominio de las regiones centrales y meridionales, como los valles del Guadalquivir o del Ebro presentó muy pocos problemas para los recién llegados, que se ayudaron de las estructuras administrativas visigodas existentes, de origen romano. Sin embargo, en las montañas del norte, los centros urbanos eran prácticamente inexistentes (como Gigia) y la sumisión del país había de realizarse valle a valle. A menudo los musulmanes recurrían a tomar rehenes para asegurarse la pacificación del terreno recién conquistado.

Tras la primera incursión de Tariq que en el año 711 llegó hasta Toledo, el virrey yemení de Ifriqiya, Musa ibn Nusair, cruzó el año siguiente el Estrecho de Gibraltar y llevó a cabo una masiva operación de conquista que le llevaría capturar, entre otras, las ciudades de Mérida, Toledo, Zaragoza y Lérida. En la última fase de su campaña militar llegó hasta el noroeste de la Península donde logró apoderarse de las poblaciones de Lugo y Gijón. En esta última ciudad situó a un pequeño destacamento bereber al mando de un gobernador, Munuza, cuya misión debía consistir en consolidar el dominio musulmán sobre Asturias. Como garantía de la sumisión de la región algunos nobles, entre ellos algunas teorías apuntan que Pelayo (aunque su origen resulta desconocido), fueron llevados como rehenes de Asturias a Córdoba.

Pero, según cuentan tanto la Crónica Rotense (crónica de Alfonso III donde se considera a Pelayo como sucesor de los reyes de Toledo, con claros fines de búsqueda de legitimidad política) como la de Al-Maqqari (historiador marroquí del siglo XVI que murió en El Cairo, Egipto, y que pudo haber tomado sus fuentes de la versión anterior, y reescribirlo ocho siglos después, con nula utilidad como documento histórico), Pelayo logró fugarse de dicha ciudad durante el gobierno del valí Al Hurr (717–718) y a su vuelta a Asturias instigó una revuelta contra las autoridades musulmanas de Gijón (la identidad de don Pelayo, sigue siendo un tema abierto, siendo esta solo una de las teorías). El caudillo de los astures —cuyo origen es discutido por los historiadores—[a]​ tenía entonces su morada en Bres (concejo de Piloña) y a dicho lugar Munuza envió tropas al mando del general Al Qama. Tras recibir noticias de la llegada de los musulmanes, Pelayo y sus compañeros cruzaron apresuradamente el río Piloña y se dirigieron al monte Auseva, en una de cuyas cuevas, Covadonga, se refugiaron. Allí lograron emboscar al destacamento sarraceno, que fue aniquilado. La victoria —relativamente pequeña, pues en ella intervinieron apenas unos cuantos cientos, o decenas, de soldados bereberes— otorgó un gran prestigio a Pelayo y provocó una insurrección masiva de los astures. Munuza, viéndose entonces aislado en una región crecientemente hostil decidió abandonar Gijón y dirigirse a la Meseta a través del Camino de la Mesa. Sin embargo, siempre según la crónica citada, fue interceptado y muerto por los astures en Olalíes (actual concejo de Grado). La Crónica Mozárabe, única crónica casi contemporánea y probablemente con menos intereses creados en los hechos, pasa por alto cualquier mención al incidente.

Vista del yacimiento del monte Curiechos, en La Carisa.

Recientemente, en el Picu Homón —junto al puerto de la Mesa— y el Campamento romano de La Carisa (situada unos 15 kilómetros más al este, en el concejo de Lena, dominando los valles del Huerna y Pajares), se han llevado a cabo excavaciones por un equipo de arqueólogos, que han encontrado fortificaciones cuya datación, según los datos proporcionados por el Carbono 14, es de entre finales del siglo VII y principios del VIII: En estos lugares han sido halladas atalayas y fosos de casi dos metros, en cuya construcción y vigilancia tuvieron que participar miles de soldados, lo que requería de un alto grado de organización y de un liderazgo firme, probablemente el del propio Pelayo.[c]

Tras la victoria de Don Pelayo en la batalla de Covadonga (722) sobre los musulmanes, se establece una pequeña entidad territorial en las montañas asturianas que dará lugar más tarde al Reino de Asturias. El liderazgo de Pelayo no era comparable al de los reyes visigodos: de hecho los primeros reyes de Asturias se autotitulaban alternativamente princeps ‘príncipe’ y rex ‘rey’ y no es hasta la época de Alfonso II cuando este último título se consolida definitivamente. En este sentido el título de princeps tenía una gran tradición en los pueblos indígenas del norte de España y su uso se constata en la epigrafía galaica y cantábrica, en la que aparecen expresiones como princeps albionum[e]​ (sobre una lápida vadiniense del municipio de Cistierna, en León). En realidad, el reino de Asturias surgió como un caudillaje sobre los pueblos de la Cornisa Cantábrica que habían resistido tanto a los romanos como a los visigodos y que no estaban dispuestos a someterse a los dictados del Imperio Omeya. La influencia de los inmigrantes provenientes del sur, huidos de al-Ándalus, irá impregnando de goticismo al reino asturiano. Sin embargo, todavía a principios del siglo IX en el testamento de Alfonso II se renegaba de los visigodos culpándoles de la pérdida de Hispania. La crónicas en las que se basa el conocimiento de la época, escritas todas en tiempos de Alfonso III cuando la influencia ideológica goticista era ya importante, son la Sebastianense, Albeldense y Rotense.

En la imagen el famoso Puente Romano de la localidad de Cangas de Onís, primera capital del Reino de Asturias.

Durante las primeras décadas el control asturiano sobre las diferentes regiones del reino era aún bastante laxo, y por ello debía ser fortalecido continuamente a través de alianzas matrimoniales con otras familias poderosas del norte de la Península Ibérica: De este modo, Ermesinda, la hija de Pelayo, contrajo matrimonio con Alfonso, hijo de Pedro de Cantabria. Y los hijos de Alfonso, Fruela y Adosinda hicieron respectivamente lo propio con Munia, una vasca originaria de Álava, y Silo, un jefe local pésico del área de Flavionavia (Pravia).

Tras la muerte de Pelayo en el año 737,[f]​ su hijo Favila o Fáfila es elegido monarca. A Fáfila, según las crónicas, lo mata un oso en una de las pruebas de valor normalmente exigidas a la nobleza de la época.

Expansión inicial

El reino de Asturias hacia el año 750.

A Favila le sucede Alfonso I, que heredó el trono de Asturias gracias a su matrimonio con la hija de Pelayo, Ermesinda. La crónica Albeldense narra como Alfonso llegó al reino en algún momento posterior a la batalla de Covadonga para contraer matrimonio con Ermesinda. La muerte de Favila posibilitó su acceso al trono así como la llegada al poder de la que llegaría a ser una de las familias más poderosas del Reino de Asturias: La Casa de Cantabria. Si bien en un principio únicamente Alfonso se desplazó a la corte de Cangas, lo cierto es que, tras la progresiva despoblación de la Meseta y del Valle Medio del Ebro, donde se situaban las principales plazas fuertes del Ducado de Cantabria como Amaya, Tricio o la Ciudad de Cantabria, los descendientes del duque Pedro de Cantabria se retiraron desde tierras riojanas hacia el área cantábrica y allí llegaron con el tiempo a hacerse con los destinos del Reino de Asturias.

Será Alfonso el que inicie la expansión territorial del pequeño reino cristiano desde su primer solar de los Picos de Europa avanzando hacia el oeste hasta Galicia y hacia el sur con continuas incursiones en el valle del Duero tomando ciudades y pueblos y llevando a sus habitantes hacia las zonas más seguras del norte. Esto provocará el despoblamiento estratégico de la meseta creando el Desierto del Duero como protección contra futuros ataques musulmanes.

Este despoblamiento, defendido por Claudio Sánchez-Albornoz, es puesto en duda hoy en día, por lo menos en lo que se refiere a su magnitud. Las principales ideas para refutarlo son por un lado la conservación de la toponimia menor en múltiples comarcas así como el hecho de que aún hoy en día existan grandes diferencias, tanto desde el punto de vista de la antropología biológica como desde la cultural, entre los habitantes de la zona cantábrica y los de la Meseta Central. Lo que sí es cierto es que en la primera mitad del siglo VIII tuvo lugar en el valle del Duero un proceso de ruralización que trajo consigo el abandono de la vida urbana y la organización de la población en pequeñas comunidades de pastores. Como causas de dicho proceso pueden citarse las siguientes: La quiebra definitiva del sistema de producción esclavista existente desde tiempos del Bajo Imperio, la propagación continuada de grandes epidemias en la zona, y por último el abandono de Al Ándalus por parte de las guarniciones bereberes tras la revuelta de los años 740 y 741. Todo ello posibilitó el surgimiento de un espacio poco poblado y sin organizar que aisló al reino asturiano de las acometidas musulmanas y le permitió afianzarse progresivamente.

Por lo demás, las campañas de los reyes Alfonso I y Fruela en valle del Duero no debían ser muy diferentes a las razias que los astures realizaban por la misma zona en época prerromana. Inicialmente la expansión asturiana se lleva a cabo fundamentalmente a través del territorio cantábrico (desde Galicia hasta Vizcaya) y será necesario esperar hasta los reinados de Ordoño I y Alfonso III para que el Reino de Asturias tome posesión efectiva de los territorios situados al sur de la Cordillera.

Fruela I, hijo de Alfonso I, consolida y amplía los dominios de su padre. Es asesinado por miembros de la nobleza vinculados a la casa de Cantabria.

Transformaciones sociales y políticas

Genealogía de los reyes electivos de Asturias (en azul claro).

Las fuentes escritas son muy concisas en lo referido a los reinados de Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo I. Generalmente este período, con una duración de veintitrés años (768–791), ha sido considerado como una larga etapa de oscuridad y repliegue del reino de Asturias. Esta visión sostenida por algunos historiadores, que incluso denominaron a esta fase de la historia del reino asturiano como la de los Reyes holgazanes, ha sido debida a que en ese momento parece que no se dieron importantes acciones bélicas contra al-Ándalus. Sin embargo, esas mismas fuentes escritas permiten decir que durante esos años se produjeron relevantes y decisivas transformaciones en lo relativo a las cuestiones internas del reino asturiano. Todas ellas prepararon y dieron una base, en todos los órdenes y aspectos, para el posterior afianzamiento y expansión de Asturias.

En primer lugar, fue en esos años cuando se constata la primera rebelión interna astur protagonizada por el propio Mauregato, que expulsó del trono a Alfonso II de Asturias. Con ella, se inició en Asturias una serie de rebeliones protagonizadas por ascendentes grupos aristocráticos palaciegos y de grandes propietarios que, en base al creciente desarrollo económico de la zona, trataban de desplazar del poder a la familia reinante de Don Pelayo. Las importantes rebeliones de Nepociano, Aldroito y Piniolo, durante el posterior reinado de Ramiro I, forman parte de este proceso de transformación económico, social, político y cultural del reino asturiano, sucedido entre los siglos VIII y IX.

En segundo término, en esa época fracasaron las sublevaciones periféricas de galaicos y vascones, que fueron abortadas por los reyes asturianos. Dichas revueltas, a su vez, se aprovecharon de las rebeliones internas de la zona central y oriental de Asturias; y en ciertas ocasiones, dieron su ayuda a unos u otros contendientes de la aristocracia asturiana: refugio de Alfonso II en tierras alavesas, tras su huida; el apoyo a la sublevación de Nepociano en algunas zonas asturianas o la unión de los galaicos a la causa de Ramiro I.

Por último, otros datos hablan de importantes transformaciones internas del reino asturiano en ese momento. Son las sublevaciones de los libertos (serbi, servilis orico y libertini, según las Crónicas) acaecidas durante el reinado de Aurelio. Las relaciones de propiedad entre dueño y esclavo poco a poco se fueron rompiendo. Este hecho, unido al progresivo papel del individuo y de la familia restringida en detrimento del papel que hasta ese momento había jugado la familia amplia, es un indicio más de que una nueva sociedad estaba surgiendo en la Asturias de finales del siglo VIII y comienzos del siglo IX.

A Fruela I le sucede Aurelio de Asturias, nieto de Pedro de Cantabria, que instalará la corte en terrenos de lo que actualmente es el concejo de San Martín del Rey Aurelio, antes perteneciente a Langreo, entre los años 768 y 774. Al morir éste, le sucede Silo, que traslada la corte a Pravia. Silo estaba casado con Adosinda, una hija de Alfonso I (y por lo tanto, nieta de Pelayo).

Al morir el rey Silo es elegido rey el joven Alfonso II (que más adelante, en 791, volvería a recuperar el trono), pero Mauregato, hijo bastardo del rey Alfonso I, organiza una fuerte oposición y consigue que el nuevo rey se retire a tierras alavesas (la madre de Alfonso II, Munia era vascona) adjudicándose el trono asturiano. Este rey, pese a la mala fama que la historia le adjudica, mantuvo buenas relaciones con Beato de Liébana, quizás la figura cultural más importante del reino, y le apoyó en su lucha contra el adopcionismo. La leyenda dice que este rey era hijo bastardo de Alfonso I con una mora, y le atribuye el tributo de las cien doncellas. Le sucede Bermudo I, hermano de Aurelio. Se le llama el diácono, aunque probablemente solo recibiera votos menores. Bermudo abdica tras una derrota militar, acabando su vida en un monasterio.

Afianzamiento y expansión

Tras la abdicación de Bermudo I, Alfonso II el Casto volvió a Asturias y se proclama rey, acabándose el período de relativa paz con los musulmanes de periodos anteriores. Durante su reinado realiza expediciones de castigo hacia el sur, llegando tan lejos como hasta Lisboa en 798, y en 825 vence también a los musulmanes en el Nalón. Fija la capital del reino en Oviedo y repuebla Galicia y zonas septentrionales de Castilla y León. Fue un reinado expuesto a ataques continuos de los musulmanes. Aun así, se expande, y aparece el prerrománico asturiano, dando lugar a joyas de la arquitectura medieval europea. Alfonso II instaura el culto jacobeo, y es la primera figura en el Camino de Santiago, que vincula a Asturias con Europa (especialmente con el reino de Carlomagno), teniendo como enemigo común a un Sur de cultura oriental. La madre de Alfonso II, Munia era alavesa, con lo que ya se ve la vocación de atraer al reino asturiano a los vecinos vascones. En la batalla de Lutos (llodos en asturiano, ciénagas en castellano), se inflige una dura derrota a los árabes y bereberes que querían acabar con la creciente amenaza que suponía el ya reino. En 808, manda forjar la Cruz de los Ángeles. Este rey encarga al arquitecto Tioda la construcciones de varios edificios de carácter regio y religioso para embellecer Oviedo, de los cuales por desgracia pocos han sobrevivido, al edificarse encima en reinados posteriores.

Palacio de Santa María del Naranco, joya del arte ramirense.

Los siguientes reyes, Ramiro I (hijo de Bermudo que se proclama rey tras una guerra civil) y Ordoño I, viven en un periodo de guerra continua contra los musulmanes. En tiempos de Ramiro I, se desarrolla el arte ramirense, el apogeo del prerrománico asturiano. Este rey libra la batalla de Clavijo, en la que, según la leyenda, el apóstol Santiago a lomos de un caballo blanco ayuda al ejército asturiano contra las tropas islámicas. En el año 844, una flota normanda aparecía frente a la costa de Gijón. No se sabe con certeza si desembarcaron allí, pero no fueron detenidos ya que prosiguieron hasta el lugar que las crónicas llamaban Faro de Brigantio (La Coruña), donde fueron rechazados, prosiguiendo la incursión según las crónicas hacia España (las crónicas asturianas llamaban España a al-Ándalus).

Ordoño repuebla Astorga, León, Tuy y Amaya. Establece relaciones estrechas con el Reino de Pamplona, ayudando posiblemente a la liberación del rey García Íñiguez secuestrado por los normandos. Dentro del proceso de vinculación con el valle del Ebro, establece alianzas con los Banu Qasi de Zaragoza, a los que también combate en ocasiones en sucesivas variaciones de alianzas. Ordoño también trata de ayudar, sin éxito, a los mozárabes toledanos en rebelión contra el emir cordobés. A su muerte, le sucede su hijo Alfonso III.

Imagen de la cara anterior de la Cruz de la Victoria.

Apogeo y final

Alfonso III marca el momento cumbre de poderío del reino de Asturias. Establece relaciones muy estrechas con el Reino de Pamplona, lucha y se alía repetidas veces con los Banu Qasi de Zaragoza y lucha al lado de los mozárabes de Toledo en su lucha contra el poder emiral.

En el año 908, un siglo después de que Alfonso II lo hiciera con la cruz de los Ángeles, manda forjar la Cruz de la Victoria, símbolo desde entonces de Asturias. Alfonso se casa con Jimena, noble navarra, posiblemente hija de García Iñíguez. Con el apoyo de los nobles gallegos, como Hermenegildo Gutiérrez, conquista el norte del actual Portugal. También se avanza por el Duero, conquistándose Zamora y Burgos. En el momento de apogeo, el reino asturiano ocupa todo el noroeste peninsular, desde Oporto hasta Álava.

García I, hijo de Alfonso III el Magno, después de su lucha contra su padre y sus hermanos Ordoño II y Fruela II, traslada la capital del reino a León, con lo que se crea un nuevo reino que aglutinará al asturiano, el Reino de León.