Pío VII | muerte
English: Pope Pius VII

Muerte

Pío VII. Thomas Lawrence, 1819.

Para 1823, Pío VII a sus 81 años, tenía una salud visiblemente quebrantada. El 6 de julio de 1823, el Papa realizó su habitual paseo por los jardines interiores del Palacio del Quirinal, el día de aniversario de su arresto por el general francés Radet 14 años antes. Volvió a su oficina, quedando totalmente solo, a pesar de las recomendaciones del cardenal Consalvi. Intentó levantarse de su silla, apoyándose en su escritorio y en un cordón de seda que colgaba de la pared para tal efecto. Sin embargo, su mano debilitada soltó el cordón, perdiendo el equilibrio, y cayendo bruscamente al suelo, fracturándose la cadera izquierda. Fue escuchado por los chambelanes y prelados domésticos de las habitaciones contiguas, quienes lo llevaron a su cama, de la cual, no volvería a levantarse. Mientras tanto, el pueblo romano se agolpó fuera del Palacio desde el día 7 de julio, sin abandonar la vigilia.

Desde París, el rey Luis XVIII envió una cama mecánica especial para aliviar el sufrimiento del Papa; mientras el cardenal Francesco Bertazzoli, entre lágrimas, buscaba convencer al Papa de que aceptara los servicios de un médico particular. Calmado, Pío respondió: Andate, Signor Cardinale. Voi siete pio, ma veramente un pio seccatore (en español: Váyase, Señor Cardenal. Usted es piadoso, pero en realidad es un piadoso sinvergüenza).[16]​ Durante este último mes de vida, la Basílica de San Pablo Extramuros, en cuya abadía había estudiado y liderado en su juventud, había sido arrasada por un incendio; noticia de la cual nunca tuvo conocimiento.

El 19 de agosto, su condición empeoró, a la vez que nombraba las ciudades de Savona y Fontainebleau,[17]​ lugares donde había sido encarcelado. Durante la madrugada, Bertazzoli le había administrado la extremaunción, y Pío sólo volvió a musitar palabras latinas en voz baja, señal de que se encontraba orando. A las cinco de la mañana del día 20 de agosto, acompañado de su amigo y secretario de Estado Consalvi, Pío VII falleció, luego de un gobierno de 23 años, 5 meses y 6 días.

Luego de los procedimientos embalsamatorios, su cuerpo fue velado en el Palacio del Quirinal, donde una densa multitud apareció para despedirlo. El 22 de agosto fue llevado a la Basílica de San Pedro, y sus exequias se celebraron el día 25,[19]​ siendo enterrado brevemente en las grutas vaticanas, mientras su sepulcro era finalizado.

Sepulcro de Thorwaldsen

Tumba de Pío VII. Bertel Thorvaldsen, finalizada en 1825.

Su amigo Consalvi, quien moriría pocos meses después que él, dejó estipulado en su testamento que los regalos recibidos de monarcas extranjeros, durante su larga carrera diplomática, fueran vendidos, y con el dinero recaudado se finalizaran las obras de reparación de las fachadas de varias iglesias de Roma, además de ser entregada otra parte a los pobres, y otra a pagar la tumba de su Papa.

Conforme a su voluntad, en el transepto izquierdo de la Basílica de San Pedro, el escultor danés Bertel Thorvaldsen elaboró el monumento a Pío VII. Su obra representa a Chiaramonti con actitud seria, rodeado de dos figuras alegóricas, que representan a la fuerza y a la sabiduría; a ello añade los genios de la historia y el tiempo. Los restos mortales del Papa fueron trasladados allí en 1825. Ésta es la única obra de arte de la Basílica Vaticana en ser llevada a cabo por un artista no católico, en este caso protestante.[12]​ La inscripción tallada recuerda el cariño que Consalvi le tenía a Pío VII.