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Historia

Arabia preislámica

Al momento de su muerte en el año 632, Mahoma había logrado unir toda la península arábica.

La Península Arábiga en las centurias previas a la llegada de Mahoma estaba escasamente poblada por habitantes de habla árabe, la mayoría eran beduinos, pastores nómadas organizados por tribus. Aunque hasta el siglo VII, amplias zonas desérticas en la actualidad, como el territorio de Banu Hanifa en Arabia Central, producían suficiente cereal como para generar asentamientos de agricultores. Tradicionalmente la zona más fértil se situaba en el sur de Arabia, la actual Yemen, conocida como la Arabia feliz. Este potencial agrario permitió trascender la organización tribal y dio lugar a la aparición de auténticos reinos, que desarrollaron toda una infraestructura hidráulica, que permitió cierto desarrollo demográfico en la región. En el norte el comercio también permitió el desarrollo de ciertos centros urbanos, la futura Medina cobró importancia como enclave estratégico entre las rutas caravaneras del norte. La Meca hizo lo propio, pero como centro de peregrinación en torno a la Kaaba. Más al norte, como puentes de contacto entre los grandes imperios en guerra permanente, el Imperio bizantino y el Imperio persa, fueron surgiendo estructuras estatales, los reinos de gassaní y lajmí.[155]

El aumento de la conflictividad bélica entre el norte y sur de Arabia en los años previos a Mahoma, no se debió como sugiere la historiografía tradicional a un enfrentamiento entre quaysíes y yemeníes, árabes del norte y sur respectivamente, sino a enfrentamientos entre las diferentes tribus del norte y del sur, fruto de la presión demográfica. En este contexto, bajo la durísima vida que impone el desierto, la asabiyya o solidaridad tribal fue fundamental en la supervivencia y desarrollo posterior del islam. Esto favoreció que la mayor parte de la Península Arábiga se organizase en tribus y clanes, al margen de una estructura estatal (excepto lo mostrado en el párrafo anterior), aunque a través del Kisrá, un texto generado por la embajada persa en Arabia, muestra cómo va surgiendo, progresivamente, una identidad árabe que se irá superponiendo a la tribal.[155]

En ese tiempo, la mayoría de los árabes eran seguidores de las religiones politeístas, aunque unas pocas tribus seguían el judaísmo, el cristianismo (incluido el nestorianismo) o zoroastrianismo. La ciudad de La Meca era un centro religioso para algunos politeístas árabes norteños, ya que contenía el muro sagrado del Zamzam y un pequeño templo, la Kaaba.

Auge del califato (632-750)

En 1187, Saladino invadió el reino de Jerusalén y derrotó a los cruzados en la batalla de Hattin.
La destrucción de Bagdad en 1258 por Hulagu Kan se considera tradicionalmente el final aproximado de la Edad de Oro.

La historia del islam comienza en la Arabia en el siglo VII con la predicación del profeta Mahoma, seguida de la violenta conquista de los mayores Estados de la época: el imperio persa sasánida, buena parte del Imperio romano y el reino visigodo.

Omar fue sucedido por Uthman ibn Affan, otro de los primeros seguidores de Mahoma. Bajo Uthman, el Nuevo califato se vio sumido en una guerra civil a la que se le llamó la Fitna, o desorden. Muchos de los familiares y primeros seguidores de Mahoma estaban descontentos con Uthman, porque sentían que estaba favoreciendo indebidamente a sus parientes y actuando menos como un líder religioso y más parecido a un rey. Soldados rebeldes mataron a Uthman y ofrecieron el liderazgo a Ali ibn Abi Talib, el primo y yerno de Mahoma. El período del califato de Ali ibn Abi Talib fue aquel en que asumió directamente la carga y dirección de la comunidad. Fue una etapa extremadamente importante para el Estado Islámico pues intentó, en un lapso de tiempo muy corto, poner en práctica su concepción de gobierno, de la sociedad civil, de los lazos que unían a sus miembros así como de su concepción de la vida doctrinaria, intelectual y espiritual de la comunidad.[156]​ Ali murió a manos de un asesino jariyí, y los omeyas reclamaron el califato. Ellos lograron retener el liderazgo de la mayoría de los musulmanes por varias generaciones, pero salvo por un breve período, nunca volvieron a gobernar sobre un imperio islámico no dividido. La fe islámica divergió también, separándose en las principales de la actualidad: los suníes y los chiíes.

En la historia del islam existen diversas dinastías que se disputaron los califatos o el liderazgo del islam y muchos Estados islámicos que ofrecían una mínima o ninguna obediencia al califa.

No obstante, el imperio de los califas abasíes y el de los turcos selyúcidas se contaban entre los más poderosos de su época. Después de la desastrosa derrota de los bizantinos en la batalla de Manzikert en 1071, la Europa cristiana llevó a cabo diversas cruzadas. Tras la Primera Cruzada, los occidentales lograron capturar y gobernar por algún tiempo Jerusalén. Saladino, sin embargo, restableció la unidad islámica en el Oriente Próximo y derrotó a los chiíes fatimíes.

Entre los siglos XIV y el XVII, uno de los más poderosos imperios fue el Imperio de Malí, cuya capital era Tombuctú. Sin embargo, esta cultura estuvo profundamente pautada por la árabe (incluso en el idioma), no siendo realmente original.

Batalla de Lepanto, victoria de la Liga Santa sobre la flota del Imperio otomano.

En el siglo XVIII, hubo tres grandes imperios musulmanes: el otomano en torno a Turquía, Oriente Próximo, el Mediterráneo y los Balcanes; el safaví en Irán, Iraq, la Armenia histórica, el Cáucaso y Afganistán; y el mogol en el Indostán. En el siglo XIX, estos imperios habían caído bajo la dominación del poder político y económico de Europa. Después de la Primera Guerra Mundial, el remanente del Imperio otomano fue dividido en protectorados o esferas de influencia europeas. El islam y el poder político del islam han experimentado un resurgimiento en el siglo XX, en buena medida gracias al petróleo. Sin embargo, las relaciones entre Occidente y cierto número de Estados de mayoría musulmana siguen siendo precarias cuando no tensas.

Tiempos modernos (1918-presente)

Luego de las pérdidas posteriores a la primera guerra mundial, los restos del Imperio otomano son esparcidos con los protectorados europeos. Desde entonces la mayoría de las sociedades musulmanas se han convertido en naciones independientes, y han adquirido prominencia nuevos temas, como la riqueza petrolera y las relaciones con el Estado de Israel.

Dinar

El dinar es la unidad monetaria de diversos Estados del mundo, la mayoría de los cuales de lengua árabe o que antiguamente habían formado parte del Imperio otomano, ya que históricamente fue usado en tierras musulmanas. La palabra "dinar" (دينار en árabe y en persa) tiene el mismo origen que dinero, puesto que deriva del denario romano.

Era una antigua moneda musulmana de oro que se empezó a acuñar a finales del siglo VII en Al-Andalus y que tenía un peso que, según las épocas, oscilaba entre los 3,85 y 4,25 g. En sus inicios imitaba los modelos bizantinos, pero pronto adquirió carácter propio y definido, hasta el punto de que fue imitado fuera de los territorios califales.

Estados que usan actualmente el dinar como moneda:

Dirham

El dirham o dirhem (en árabe: درهم) era una antigua moneda de plata utilizada en varios puntos del mundo islámico que valía la décima parte del dinar de oro. El nombre dirham procede del griego dracma (δραχμή). Las monedas actualmente en circulación con este nombre son el dírham marroquí y el dírham de los Emiratos Árabes Unidos.

El islam contemporáneo

Si bien el más famoso movimiento del islam en tiempos recientes ha sido el fundamentalismo islámico, existen diversas corrientes liberales que ven como alternativa el alinear al islam con los tiempos contemporáneos.

Este movimiento no está dirigido a cuestionar los fundamentos del islam, sino que trata de aclarar malas interpretaciones o abrir paso a la renovación del islam como un centro moderno de pensamiento y libertad.

La población musulmana actual

Países cuya población musulmana supera el 10 % del total (FUENTE - CIA World Factbook, 2012). Los países coloreados con tonos rojos son aquellos en los que la mayoría de la población pertenece a ramas del islam distintas de la suní mayoritaria.

Según el World Factbook de la CIA, en el año 2005 el islam era la segunda religión con más seguidores en el mundo, un 19,9 % de la población mundial. Es asimismo la religión que está creciendo más rápidamente,[157]​ hecho atribuible principalmente al mayor crecimiento demográfico en los países musulmanes, así como a las conversiones al islam como religión monoteísta.

La población musulmana se estima que excede los 1 200 millones de personas. Solamente el 18 % de los musulmanes son étnicamente árabes; otro 20 % se encuentra en la región del sur del Sahara en África, y el 30 % en el subcontinente indio (sumando los fieles de Pakistán, Bangladés y la India). El país con la población de musulmanes más grande del mundo es Indonesia, con casi 200 millones de fieles. También hay importantes grupos musulmanes en China, Europa, Asia Central y Rusia.

En Europa, Austria fue el primer país en reconocer el islam como una de sus religiones oficiales, mientras que Francia es el país europeo con mayor población de musulmanes: seis millones, que representan un 10 % de su población total.

El islam en Latinoamérica y España

Se dice que esclavos que llegaron a América con los conquistadores españoles introdujeron el islam en esta región, se establecieron en países como Brasil, Venezuela, Panamá y Colombia.[158]

En España hay alrededor de un millón de musulmanes,[159]​ mientras que la comunidad más grande de musulmanes en Latinoamérica se encuentra en Brasil. En Argentina está localizado el Centro Islámico Rey Fahd que es el más grande de Latinoamérica. En Colombia la mezquita de Omar Ibn Al-Jattab en Maicao, La Guajira; en Caracas existe la mezquita Ibrahim, en México la mezquita Dar as Salam, cerca de la ciudad de México y en el caso de Chile, la mezquita As-Salam en Santiago, la mezquita Mohhamed VI en Coquimbo y la mezquita Bilal en Iquique.