Iglesia de Escocia | historia

Historia

En 1559 John Knox volvió de Ginebra para liderar la Reforma Escocesa.

Los orígenes de la Iglesia de Escocia se remontan a la Reforma Escocesa de 1560 que contribuyó de manera decisiva a definir su identidad, ya que, en ese momento, se produjo la ruptura con Roma. Este proceso de reforma protestante trajo consigo cambios tanto en la doctrina como en la jerarquía inspirados en los principios de Juan Calvino, con los que John Knox, líder del movimiento, había entrado en contacto mientras vivía en Ginebra. En 1560, el Parlamento Escocés abolió la jurisdicción papal y aprobó la confesión de fe de Calvino. Sin embargo, no hizo lo mismo con muchos de los principios que John Knox exponía en el Primer Libro de la Disciplina, en el que defendía, entre otros aspectos, que todos los bienes de la Iglesia precedente deberían pasar a manos de la nueva. La cuestión de quién dirigiría la Iglesia permaneció sin resolver.

Finalmente, el joven rey Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra aprobó en 1572 el Acuerdo de Reforma de 1560. A través del Concordato de Leith, se autorizaba a la Corona a designar obispos siempre que contara con la aprobación de la Iglesia. No obstante, cabe resaltar que el propio John Knox no tenía claro cuál iba a ser la función de los obispos dentro de la nueva Iglesia y prefería que fueran denominados «superintendentes». En respuesta al nuevo Concordato, surgió un grupo de presbiterianos liderado por Andrew Melville, autor del Segundo Libro de la Disciplina. Durante un tiempo, Melville y sus seguidores gozaron de éxito, especialmente con la entrada en vigor de la Golden Act en 1592, la cual daba la aprobación parlamentaria a los consistorios presbiterianos.

El rey Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra creía que el presbiterianismo era incompatible con la monarquía, lo que resumía en «Sin obispo, no hay rey». En consecuencia, gracias a una hábil manipulación por parte de la Iglesia y del Estado, se fueron reintroduciendo paulatinamente, primero, el episcopado parlamentario y, más tarde, el episcopado diocesano. Así, a su muerte (1625), la Iglesia de Escocia contaba con un cuerpo completo de obispos y arzobispos. Además, las Asambleas Generales se celebraban cuando y donde la Corona autorizaba.

Catedral de San Gil de Edimburgo, puerta oeste.

Carlos I de Inglaterra (rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda), su sucesor, heredó en Escocia un acuerdo basado en una solución intermedia entre la doctrina calvinista y la práctica episcopal. Careciendo del carácter político de su padre, empezó a destruir este equilibrio criticando la austeridad del culto escocés y buscando introducir rituales propios de la Iglesia alta de Inglaterra.

Esta reforma se basaba en El Libro de Orden común de 1637, que había sido escrito por un grupo de obispos escoceses y, en contra de lo que a menudo se cree, aún no se usaba en Inglaterra. Fue la insistencia de Carlos I de Inglaterra en ocultar todo este asunto lo que provocó el descontento general. Así, cuando se celebr en el verano de 1637 la introducción de este libro en la catedral de San Gil (Edimburgo), estalló una oleada de disturbios que se extendería por toda Escocia. A comienzos de 1638, un gran número de escoceses se unió a los Covenanters, quienes protestaban en contra de la introducción de El Libro de Orden común y de otras innovaciones que no habían sido previamente probadas y aprobadas por parlamentos independientes y Asambleas Generales de la Iglesia.

En noviembre de 1638, habiendo trancurrido veinte años desde que se celebrara la última, tuvo lugar una Asamblea General en Glasgow. En ella, no sólo se declaró ilícito El Libro de Orden común, sino que también se abolió la función de los obispos. De esta forma, la Iglesia de Escocia quedó establecida sobre una base presbiteriana. Los intentos de oposición de Carlos I de Inglaterra dieron lugar a las Guerras de los Obispos. En un determinado momento, los Convenanters se unieron a los parlamentarios ingleses, lo que dio lugar a la Confesión de Fe de Westminster (1647) (ésta sigue siendo uno de los pilares de Iglesia de Escocia; la Iglesia de Inglaterra la reemplazó durante la Restauración inglesa).

El episcopado se reintrodujo en Escocia tras la Restauración, lo que produjo un gran descontento, especialmente en el suroeste, donde la tradición presbiteriana estaba muy arraigada. En gran medida, la situación actual no ha variado desde 1690, cuando, después de la Revolución Gloriosa, la mayoría de los obispos escoceses eran jacobitas y, por ello, el poder presbiteriano fue garantizado por la ley. No obstante, continuó la controversia sobre la relación entre el poder civil y el religioso; la potestad de designar clérigos del poder civil provocó la secesión de muchos grupos. Esta fase de secesión se inició en 1733 y acabó en 1843, año en el que una gran parte de la Iglesia se separó y formó la Iglesia Libre de Escocia. La existencia de numerosas congregaciones presbiterianas en Escocia es el resultado de estos procesos de separación y las subsiguientes fusiones y segregaciones que se produjeron entre los diversos grupos secesionados.

Hasta finales del siglo XIX, la Iglesia de Escocia fue la responsable de la educación (la primera en hacerlo en el mundo moderno [cita requerida]). Su objetivo era que los fieles fueran capaces de leer la Biblia.

En 1921, el Parlamento del Reino Unido aprobaría la Church of Scotland Act, la cual reconoce la independencia de esta institución en asuntos espirituales. Este hecho permitió que la Iglesia de Escocia pudiera unirse en 1929 a parte de la Iglesia Libre Unida de Escocia (surgida tras la unión de la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia y la mayor parte de la Iglesia Libre de Escocia en 1900).