Humberto II de Italia | rey de italia

Rey de Italia

Busto de Humberto II fundido en bronce en 1935, antes de su acceso al trono.

A raíz de la liberación de Roma por los aliados en 1944 se convirtió en «lugarteniente del Reino de Italia» asumiendo las funciones de jefe de Estado por la situación comprometida en la que se encontraba su padre, dado su papel en el asalto al poder por parte de Benito Mussolini. Finalmente, Víctor Manuel III tuvo que abdicar en favor de su hijo Humberto el 9 de mayo de 1946. Renunció al título de rey de Albania, reclamado por su padre después de la invasión italiana de este país, pidiendo perdón personalmente al rey Zog I por la usurpación de su trono.

Humberto II solo pudo reinar durante 33 días, hasta el 12 de junio, ya que tuvo que aceptar los resultados del plebiscito celebrado el 2 de junio de 1946 en el que, oficialmente por dos millones de votos, pero bajo sospecha por parte de sectores monárquicos de manipulación del resultado, los italianos optaron por la República como forma de estado. La Santa Sede estaba tan convencida del resultado fraudulento de la consulta que se negó a recibir a los presidentes de la República Italiana durante más de quince años.

Humberto de Saboya partió hacia el exilio y fijó su residencia habitual en Cascais, Portugal, con el nombre de Villa Itálica. Años después, se estableció en Ginebra, Suiza, desde donde solicitó una y otra vez al gobierno italiano que le permitiera regresar a Italia por razones humanitarias. Para ello contó con el apoyo solidario del rey de España, Juan Carlos I, precisamente nacido en Roma. Sin embargo, para que ello fuera posible, se necesitaba una reforma de la constitución de la República, lo que tenía la tenaz oposición, entre otras fuerzas, de la bancada comunista.[cita requerida]

Humberto II murió en Suiza el 18 de marzo de 1983 sin ver cumplido su deseo de pisar suelo patrio. Fue sepultado en la Abadía de Hautecombe, en la localidad de Saint-Pierre-de-Curtille, Saboya. Su testamento incluía la donación al papa del Santo Sudario de Turín y la petición de ser enterrado con el sello real de los Saboya, petición que se tomó como un signo inequívoco de que consideraba que con él quedaba caducada la dinastía de los monarcas de Italia.