Guerra de las Comunidades de Castilla | influencia en épocas posteriores

Influencia en épocas posteriores

En el siglo XVII

Ya en el Siglo de Oro se comenzó a hacer alusiones a las Comunidades en las obras literarias, destacando la alusión realizada en El Quijote.[6]

El Empecinado, líder de la expedición que acudió a Villalar el 23 de abril de 1821.

En el siglo XIX

A partir del siglo XIX, comenzó a rehabilitarse la figura de los Comuneros, restituyéndoles como precursores de la libertad y mártires del absolutismo.[6]

El primer gran acto conmemorativo llegó en 1821, con motivo del III Centenario de la batalla de Villalar. A dicha localidad de Villalar acudió Juan Martín Díez, El Empecinado, con una expedición para exhumar los restos de los capitanes ajusticiados en 1521. Se iniciaron entonces los homenajes a los comuneros por parte del gobierno liberal en el poder.

A partir de ese momento comenzó a ensalzarse la figura antidéspota, nacionalista y liberal de los comuneros, como defensores de las libertades frente al absolutismo y de la identidad nacional frente a la extranjera, representada por los flamencos.

En 1869, en Valladolid, a fecha del 15 de junio, se firmó el Pacto Federal Castellano entre las diecisiete provincias castellanas, que termina con la siguiente alusión a las Comunidades:

La sangre de los Padilla, Bravo y Maldonado que corren por vuestras

venas y el ardimiento de que guardan memoria estos pueblos de las

comunidades, garantizan el éxito de nuestras aspiraciones y deseos.
Pacto Federal Castellano[17]

En el siglo XX

Ofrenda floral al monolito de Villalar, en el 23 de abril de 2006.
Escultura en bronce de Juan de Padilla, obra del escultor toledano Julio Martín de Vidales

Los primeros estudios sobre la figura de los comuneros y de las Comunidades fueron realizados por Ángel Ganivet, precursor de la generación del 98. Tras él, vendrían otros autores como Manuel Azaña, presidente de la Segunda República Española o Gregorio Marañón.

Como reacción a la interpretación "romántica-liberal" dominante durante el siglo XIX, se fue formulando una interpretación alternativa de carácter "tradicionalista-reaccionario" o "conservador" (originada en la interpretación histórica general de Marcelino Menéndez y Pelayo y explicitada por Ramón Menéndez Pidal o José María Pemán), que se hará oficial durante el franquismo a través de su visión del nacionalismo español e impuesta a través de la escuela nacionalcatólica (la que se refleja en El florido pensil). Según esta visión, los comuneros eran politicastros comparados explícitamente con los nacionalistas periféricos, motivados por razones espurias o bienintencionados que no llegaban a entender lo sublime del destino imperial por no alcanzar a ver más allá del campanario de su aldea.[18]

Desde mediados del siglo XX, la renovación de la historiografía introdujo cambios metodológicos, principalmente provenientes de Francia (Escuela de los Annales), que fueron introducidos tanto por los historiadores hispanistas como por los autóctonos, por ejemplo el español José Antonio Maravall o el francés Joseph Pérez.[19]

El gran impulso a la revitalización simbólica de las Comunidades con motivos reivindicativos llegó a partir del año 1976, en plena Transición española convocado por el Instituto Regional Castellano-Leonés. A partir de ese año, comienzan a celebrarse concentraciones en Villalar cada 23 de abril. Ese mismo año, el grupo segoviano Nuevo Mester de Juglaría musicalizó el romance de Los Comuneros,[11]

Tras varios años de concentraciones no autorizadas en Villalar cada 23 de abril para conmemorar la derrota comunera, la fiesta adquirió el carácter de oficial en el año 1983, tras la conformación de la comunidad autónoma de Castilla y León.[21]

De igual modo, cada 3 de febrero desde el año 1988, en recuerdo de la rebelión de 1522, último acontecimiento militar de la Guerra, se celebra el homenaje a los Comuneros en Toledo, resaltando la figura de Juan de Padilla y de María Pacheco.[22]

Desde el año 2007, el castillo de Torrelobatón alberga el centro de interpretación de la Guerra de las Comunidades de Castilla, por lo que el castillo se conoce como el Castillo de los Comuneros de Torrelobatón.[23]

El 15 de marzo de 2015 fue inaugurado en Toledo[25]​ El notable monumento, obra de Julio Martín de Vidales y sufragado por la Fundación Soliss, está realizado en bronce con un pedestal de piedra de los Montes de Toledo y alcanza una altura total de 4,72 metros y pesa 32 toneladas.

En la política

Concentración castellanista en el monolito de Villalar, el 23 de abril de 2007.

Después de la Transición, han sido bastantes los partidos de índole castellanista y regionalista que han utilizado la figura de los comuneros, bien en sus campañas, como parte del nombre del partido o como seña de identidad simbólica para Castilla y León o para un contexto territorial más amplio (las antiguas Dos Castillas: Castilla la Nueva y Castilla la Vieja) que incluiría a Cantabria, La Rioja, Comunidad de Madrid y Castilla-La Mancha.[27]

Así, entre los primeros partidos de las tendencias ya mencionadas, se encuentra la Unidad Comunera Castellana, ya desaparecida, o Tierra Comunera, uno de los de mayor importancia electoral y desaparecido en 2009.