Fredegunda | reina de neustria
English: Fredegund

Reina de Neustria

El rey Chilperico I y la reina Fredegunda.

Los parientes de la reina asesinada se propusieron vengar su muerte, en especial Brunegilda, esposa de Sigeberto I de Austrasia, hermano de Chilperico. Cabe destacar que en la temprana Edad Media y de acuerdo con las costumbres francas, los parientes estaban moralmente obligados a vengar este tipo de ofensas. Pero un asesinato se podía redimir con el pago de una pena económica que se llamaba compensación y podía abonarse en especie. Sigeberto exigió a Chilperico que entregara a Brunegilda, como compensación por la muerte de su hermana, las ciudades que Galsuinda había recibido como presente de bodas: Burdeos, Limoges, Cahors, Béarn y Bigorre. Chilperico simuló aceptar al principio —por mediación del rey Gontrán I de Borgoña, hermano de ambos— pero luego envió tropas para recuperarlas.

Sigeberto respondió invadiendo Neustria, con tanto éxito que Chilperico tuvo que encerrarse en Tournai. Brunegilda instigó a su esposo a que destronara a Chilperico, cosa que estuvo a un paso de lograr, ya que ante el arrollador éxito militar de Sigeberto, muchos terratenientes y guerreros de Neustria estaban dispuestos a aceptarlo como rey. Entonces, cuando todo parecía perdido para su causa y la de Chilperico, Fredegunda envió dos asesinos que se hicieron pasar por nobles neustrianos que venían a sumarse a la causa de Sigeberto pero que, cuando lo tuvieron a su alcance, lo atacaron con puñales envenenados, asesinándolo en la ciudad de Vitry sur la Scarpe (575). De no haber sido asesinado Sigeberto, sin duda los días de Chilperico y Fredegunda estaban contados. Pero los guerreros austrasianos, al morir su rey dejando como heredero a un niño de tan sólo 5 años, se retiraron y la situación dio un vuelco completo. Chilperico salió de su encierro en Tournai, retomó la iniciativa y capturó a Brunegilda, quien a la sazón se encontraba en París con los cofres de su tesoro —tan confiados habían estado ella y Sigeberto de obtener una completa victoria—. La encarceló en un convento en Ruan.

Brunegilda logró escapar de su comprometida situación casándose con su sobrino Meroveo, hijo del primer matrimonio de Chilperico y a quien este había confiado el mando de uno de sus ejércitos, que Meroveo desvió hacia Ruan, donde rescató a Brunegilda de su encierro. El obispo de Ruan, Pretextato, quien sentía especial afecto por Meroveo por haber sido bautizado por él, ofició la ceremonia. Es probable que Meroveo haya intuido que a la larga Fredegunda intentaría eliminar a los hijos del primer matrimonio de Chilperico y, por ello, haya buscado una alianza con su tía. Si bien Chilperico, furioso, logró después la anulación del matrimonio por tratarse de tía y sobrino, en el interín Brunegilda, luego de varias peripecias que incluyeron un corto tiempo en el que tuvo que refugiarse en la corte de Gontrán I de Borgoña, logró retornar a Austrasia y que se la aceptase como regente durante la minoría de su hijo Teodeberto II, bien que de mala gana por parte de los díscolos terratenientes austrasianos.

Este incidente sirvió efectivamente a Fredegunda para concretar lo que seguramente Meroveo temía: la eliminación de los hijos que Chilperico había tenido con Audovera, su primera esposa —quien, como se indicó arriba, había sido repudiada y se hallaba retirada en un convento— para allanar el camino al trono a los suyos propios.

Meroveo fue el primero en caer. Perseguido por su padre por haberse casado con Brunegilda —quien intentó por todos los medios pero no pudo darle asilo en Austrasia por la cerrada negativa de los terratenientes austrasianos—, fue traicionado y cayó en una emboscada. Presuntamente se habría hecho matar por uno de sus guardias por temor a perecer quemado en la estaca. Al menos eso dijo la versión oficial que hizo correr Chilperico I. No obstante, se ha conjeturado que en realidad pudo haber sido asesinado por sicarios al servicio de Fredegunda. Tras la muerte de Meroveo, Chilperico I hizo torturar y ejecutar cruelmente a los tres guardias de corps de Meroveo que lo acompañaron hasta el final, incluyendo al que fue culpado de haberlo matado a su petición.

En este tiempo Fredegunda se ve afligida por una trágica situación: los hijos que da a luz mueren al corto tiempo víctimas de las tan comunes enfermedades infecciosas de la época —hubo durante estos años en Neustria una epidemia de disentería— .Esto es muy grave, pues no logra dar a luz un heredero del trono que sobreviva.

Su gran aflicción la lleva, primero, a atribuir la desgracia a un castigo divino por la supuesta avaricia que significaba el cobro de impuestos en sus ciudades; entonces, dispone que se quemen los registros fiscales y se den mayores limosnas a las iglesias. Como estos actos de generosidad y piedad cristiana no resultaron suficientes, ya que un nuevo hijo murió a poco de nacer, Fredegunda volvió sus ojos hacia la magia negra como presunta causante de las muertes, lo que le sirvió de pretexto para hacer asesinar a Clodoveo, el último hijo vivo que quedaba del primer matrimonio de Chilperico I —el mismo rey puso a su hijo en manos de Fredegunda, quien con la excusa de trasladarlo de una prisión a otra, lo hizo apuñalar durante el viaje y arrojar su cadáver al Sena— y a la propia Audovera, a quien Fredegunda mandó asesinar en el convento en el que se hallaba. También la pesadumbre de Fredegunda derivó en que varias mujeres de París perecieran en el tormento o quemadas en la estaca como presuntas causantes mágicas de la muerte de los infantes.

Al fin, en el año 584, Fredegunda dio a luz al futuro Clotario II, quien logrará sobrevivir a la etapa de la infancia. Con ello Fredegunda se da por satisfecha y pone fin a su pionera caza de supuestos hechiceros y brujas.