Felipe IV de España | reinado

Reinado

Etapa del Conde-duque de Olivares (1621-43)

Cuando se aproximaba el fin del reinado de Felipe III, las intrigas palaciegas se disputaban la confianza del futuro rey, el príncipe de Asturias que llegaría a ser Felipe IV. El valido del rey, el duque de Lerma, luchaba por obtener el favor del monarca con el apoyo de su yerno, el conde de Lemos y de su primo, Fernando de Borja, gentil hombre de la cámara del príncipe, frente a sus dos hijos, el duque de Uceda y el conde de Saldaña. Olivares, que durante tanto tiempo había sido un personaje aislado en aquella casa, se había convertido en un estrecho aliado de los hijos contra su padre.

También aprovechó el conde-duque la posición de su tío Baltasar de Zúñiga en el Consejo de Estado (que él mismo había propiciado) para mover los hilos de palacio.

Tras la muerte del rey en 1621 debido a unas fiebres que contrajo en 1619 al regreso de un viaje a Portugal, donde su hijo había sido jurado como heredero de la corona portuguesa, el nuevo rey Felipe IV escogió al Conde-duque de Olivares como valido.

Política interior

Felipe IV (c. 1627-1628), cuadro de Gaspar de Crayer, expuesto en el Museo Metropolitano de Arte (Nueva York).

Durante su etapa como valido, el conde-duque realizó una serie de reformas para poder mantener la hegemonía en Europa. Estos cambios se concretaron en cuatro aspectos: reformar la vida pública, fomentar la economía, mejorar la hacienda e impulsar la formación de un ejército común.

El valido intentó imponer las leyes y costumbres castellanas en su propósito de unir la Monarquía hispánica en una comunidad nacional, con una fiscalidad, Administración y Derecho comunes. Pero no alcanzó su propósito debido a la oposición de la nobleza a las nuevas propuestas del valido.

Moral pública

Para ello luchó contra la corrupción del reinado anterior. Ordenó encerrar al duque de Uceda y al duque de Osuna, confiscó los bienes del duque de Lerma y sometió a Rodrigo Calderón a un juicio en el cual se decretó su ejecución.

Mediante un decreto obligó a hacer un inventario de la fortuna de aquellas personas que desempeñasen cargos públicos y de relevancia. Para controlar este decreto formó la Junta de Reformación, que más tarde se encargaría de velar por la vida pública de los ciudadanos.

Uno de los aspectos que se aplicó con mayor trascendencia fue el aumento de la demografía española; para ello el conde-duque prohibió la emigración y favoreció la inmigración y las familias numerosas.

Para favorecer la educación de los españoles, mandó construir el Colegio Real de Madrid en 1629 y otras instituciones, dirigidas principalmente por jesuitas.

Dentro de esta dinámica de reforma de la moral, dos pragmáticas tomadas por Felipe IV en el siglo XVII, en un ambiente de «reformación de las costumbres», pretendieron de repente abolir la prostitución en todos los territorios de la monarquía.

Reforma hacendística

Se recurrió a la introducción de nuevos impuestos a la Corona, repartidos de manera más equitativa. Los reinos periféricos pusieron resistencia a estos nuevos impuestos, muchas veces con motines. La nobleza no aceptó un impuesto sobre las elevadas rentas del reino ni la tasa sobre productos de lujo, y bloqueó continuamente estas medidas.

Esta reforma fracasó en un momento en que los gastos aumentaron. Por ello el conde-duque tuvo que buscar dinero en: la emisión de juros, préstamos a banqueros judíos portugueses, nuevas contribuciones votadas en Cortes y la declaración de bancarrota (en realidad, suspensión de pagos) en momentos de extrema necesidad.

El conde-duque intentó crear un banco nacional con el fin de facilitar el comercio y contribuir a los gastos de la Monarquía. Para formar un capital solicitó una contribución especial sobre los patrimonios superiores a 2000 ducados de renta, pero la nobleza volvió a oponerse, lo cual causó su fracaso.

La monarquía española de Felipe IV se vio envuelta en una recesión económica que afectó toda Europa, y que en España se notó más por la necesidad de mantener una costosa política exterior. Esto llevó a la subida de los impuestos, al secuestro de remesas de metales preciosos procedentes de las Indias, a la venta de juros y cargos públicos, a la manipulación monetaria, etc. Todo con tal de generar nuevos recursos que pudiesen paliar la crisis económica.[7]

Unión de Armas

Olivares decidió forzar la unidad de los reinos peninsulares. Con este fin formuló en 1626 el proyecto de la Unión de Armas. A cada territorio de la Corona se le exigió que colaborase con una cantidad de soldados proporcional a su población. Pero las Cortes de Cataluña se negaron. Olivares suspendió las Cortes, comenzando así un conflicto con el Principado.

Política exterior

Durante esta etapa la política se centró en el mantenimiento de la reputación de la Monarquía en Europa. Encontramos una época de conflictos en Europa en la que España se verá influenciada.

Guerra de los Treinta Años (1618-48)
Países Bajos

Los Países Bajos volvieron a la Corona española por la falta de descendencia de Isabel Clara Eugenia. Finalizada la Tregua de los Doce Años con las Provincias Unidas en 1621, empezaron las hostilidades. Comenzaron así operaciones de bloqueo y contra los intereses holandeses en los puertos europeos. En tierra, la guerra se concretó en grandes asedios a ciudades, como en Breda, plaza tomada por Ambrosio de Spínola en 1625.

La respuesta de los holandeses se concentró en el mar. Tomaron Recife de Pernambuco, en la costa del Brasil portugués. En 1628 el corsario Piet Heyn se apoderó de la flota de Indias.

El cardenal-infante don Fernando, hermano del rey, tras vencer en los campos alemanes de Nördlingen (1634) a protestantes y suecos, invadió en 1635 el territorio holandés, en un esfuerzo por acabar con la guerra. La iniciativa quedó paralizada por el inicio de la guerra contra Francia. Más tarde, con la batalla naval de las Dunas en 1639, se perdió la posibilidad de enviar refuerzos a Flandes y la situación de la monarquía en los Países Bajos se hizo insostenible.

Inglaterra

La ascensión al trono inglés de Carlos I provocó la reanudación de hostilidades entre España e Inglaterra. En 1625 una flota inglesa llevó a cabo un ataque fallido contra Cádiz. Pero ese fracaso simbolizó la obtención, por parte de Holanda, de un nuevo aliado contra la Monarquía y el impedimento de establecer relaciones marítimas con Europa por el mar Cantábrico. La rivalidad comercial entre ambos países en las Indias occidentales condujo en 1655 a la guerra anglo-española contra la Commonwealth inglesa durante el Protectorado de Oliver Cromwell.

Francia

Nerviosa por la presencia de territorios de los Habsburgo en la mayor parte de las fronteras, inició una política de enfrentamientos contra la monarquía hispánica tras la llegada al poder del cardenal Richelieu, primer ministro de Luis XIII de Francia. En 1635 las victorias de los ejércitos imperiales en la Guerra de los Treinta Años la decidieron a intervenir del bando de los protestantes. Se declaró la guerra a España.

Con la ayuda de las tropas imperiales, los españoles vencieron a los franceses en la batalla de Corbie en 1635. Al año siguiente, el cardenal-infante don Fernando, hermano de Felipe IV, estuvo a las puertas de París en 1636, pero se retiró por escasez de recursos. La reacción francesa fue rotunda y consiguieron amenazar el norte de Italia, cortar la vía de comunicación entre Italia y Flandes y enviar sobre los Pirineos a sus ejércitos. En 1639 se perdió la fortaleza de Salses en el Rosellón, recuperada poco después a principios de 1640.

La crisis de 1640

Castilla, el único reino que había colaborado con los gastos de las empresas de la Monarquía, mostraba señales de agotamiento. Por ello, el valido exigió a los demás reinos una contribución equivalente y se dispuso a paliar las trabas institucionales que pudieran existir. Durante esta última etapa se producen las diferencias con Cataluña, Portugal y Andalucía.

Cataluña

Felipe IV de castaño y plata por Velázquez (National Gallery, Londres).

El conflicto comenzó con la negación de Cataluña a colaborar en la Unión de Armas que el conde-duque propuso en 1626. La guerra contra Francia dificultó aún más el entendimiento de la Diputación del General del Principado de Cataluña y el Consejo de Ciento con la Corona.

Las tropas castellanas e italianas que habían entrado en Cataluña para combatir con los franceses en el Rosellón, causaron grandes desmanes en el medio rural, al actuar como un ejército de ocupación. Hubo graves incidentes en varias ciudades catalanas hasta que el 7 de junio de 1640, día del Corpus, entraron en Barcelona un grupo de unos 400 o 500 segadores, trabajadores eventuales que acudían de todos los puntos del principado, los cuales se amotinaron y provocaron graves disturbios que finalizaron con la muerte de trece personas, entre ellos el propio Virrey conde de Santa Coloma en lo que se ha venido en llamar el Corpus de Sangre. La actitud de la Generalidad y de su Presidente Pau Claris fue en aquellos momentos conciliadora, pues temían que la revuelta popular se les escapara de las manos, así como de la represión que la monarquía podría instaurar. Finalmente, el día 11 de junio fue posible sacar a los amotinados fuera de la ciudad.

Las tensiones entre las autoridades catalanas y la monarquía española continuaron hasta que en el mes de septiembre, la Generalidad oficializó su ruptura con la monarquía de Felipe IV e inmediatamente se iniciaron los contactos con el enviado del rey de Francia, Du Plessis Besançon. En enero, Pau Claris efectuó la proclamación de la República Catalana y días después, ante la amenaza que suponían las tropas castellanas que ya penetraban por el sur de Cataluña, se materializó la entrega del Principado de Cataluña al rey Luis XIII de Francia. El 26 de enero de 1641, el marqués de los Vélez fue derrotado por los catalanes en la batalla de Montjuïc. El conflicto se anunciaba largo y de difícil resolución.

Aragón

Debido a la política del conde duque de Olivares en la Corona de Aragón, además del conflicto en Cataluña, hay que añadirle un problema en el Reino de Aragón, que no tuvo la misma transcendencia pero fue importante a su vez. Por los altos impuestos establecidos en los territorios de Aragón, la mayoría de la nobleza aragonesa pretendió desvincularse del Reino de Castilla, proclamando rey al duque de Híjar. Pero las tropas castellanas sofocaron la revuelta y dado que no tuvo demasiada transcendencia, al duque de Híjar no se le condenó a la muerte, sino a permanecer recluido en sus feudos sin poder participar en las Cortes Aragonesas.

Portugal

El retrato de Felipe IV, pintado por Velázquez permite admirar la sobriedad y elegancia del negro con el que viste el rey, una característica de la monarquía Habsburgo que se mantuvo los dos siglos que gobernaron.

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Juan IV de Braganza

El regreso de las hostilidades con las Provincias Unidas repercutió sobre las colonias portuguesas en Asia y Brasil. En diciembre de 1640 una conspiración, encabezada por la nobleza, proclamó rey de Portugal al duque de Braganza con el nombre de Juan IV de Portugal quién firmó la paz con los holandeses (pero no sin antes expulsarlos de Angola y de Brasil, en 1656) y obtuvo el apoyo de ingleses y franceses. Se inicia entonces la conocida como Guerra de Restauración portuguesa obligando al conde-duque a combatir en muchos frentes.

Felipe IV firmó el Tratado de los Pirineos en 1659 con el fin de concentrar todos los recursos de la monarquía hispánica en la reconquista del reino rebelde: a partir de esta fecha, España estaba finalmente en paz con Francia, Inglaterra y los Países Bajos (Cataluña y el reino de Nápoles también ya habían sido reconquistados). Sólo quedaba Portugal, por lo que se hicieron esfuerzos colosales para su reconquista: se aumentaron los impuestos, la moneda fue devaluada y hubo una transferencia masiva de tropas veteranas de Flandes e Italia (los famosos Tercios Viejos), consideradas las mejores del mundo, a la frontera con Portugal. En esta guerra de 28 años (la más prolongada y destructiva entre los dos países), los ejércitos españoles fueron derrotados en la batalla de Montijo (1644), en la batalla de las Líneas de Elvas (1659), en la batalla de Ameixial (1663), en la batalla de Castelo Rodrigo (1664) y en la batalla de Villaviciosa (1665).

Andalucía

En 1641 el marqués de Ayamonte y el duque de Medina Sidonia desarrollaron una conspiración contra la Monarquía. El intento de rebelión se fundamentaba en el descontento de la nobleza y el pueblo y estaba apoyado por Portugal. Sin embargo, la conspiración fue pronto malograda.

Nápoles y Sicilia

Más graves consecuencias podría haber tenido la revuelta llamada antiespañola de Nápoles (1647), movimiento popular con características de motín de subsistencia liderado por el pescador Masaniello. El apoyo inicial de algunos sectores de la nobleza y patriciado urbano duró poco al quedar claro que la mejor defensa de su situación privilegiada era el propio Felipe IV y las tropas españolas que, al mando de don Juan José de Austria, hijo natural del rey, entraron en la ciudad de Nápoles en febrero de 1648. En Sicilia, donde había estallado una revuelta similar, sucederá lo mismo en septiembre de 1648.

Caída de Olivares

Estatua de Felipe IV en la basílica romana de Santa María la Mayor.

El ataque contra los catalanes, en el que intervino el propio Felipe IV, fue detenido en Lérida. El Rey, a su regreso a Madrid ordenó, el 23 de enero de 1643, el destierro del conde-duque de Olivares a Loeches. Sus propósitos de unión no funcionaron e incluso estuvo a punto de conseguir la ruptura de la Monarquía Hispánica, que continuó como una confederación de reinos. Sin embargo, Felipe IV decidió conservar su título de "Rey de todas las Españas", aunque en este tiempo esta expresión incluía a Portugal. De esta forma quedó fijada la denominación y los límites geográficos de la actual España. En ese año clave, inició y mantuvo durante más de veinte años una abundante (600 cartas) relación epistolar con la mística sor María de Jesús de Ágreda, y también con la condesa viuda de Paredes, ahora monja y antigua dama de su primera esposa, sor Luisa Magdalena de Jesús.

La autonomía de cada territorio se reafirmó, dentro del llamado neoforalismo y desde el respeto a los fueros.

Etapa de gobierno personal (1643-65)

Tras la caída de Olivares, el rey pareció decidido a llevar personalmente las tareas de Estado, pero pronto tomó la decisión de nombrar como valido a Luis Méndez de Haro, sobrino de Olivares, con el título de primer ministro. Su objetivo fue el de acabar con los conflictos interiores y alcanzar la paz en Europa.

Política interior

Continuaron las sublevaciones de Cataluña y Portugal, a las que se sumó Aragón.

En Nápoles, en 1647, se produjo un levantamiento debido a la falta de alimentos, que se extendió por Sicilia, pero los amotinados fueron controlados por las autoridades locales.

En Cataluña, la guerra se prolongó hasta que en 1652, tras 15 meses de asedio, Felipe IV logró tomar Barcelona.

Ese mismo año por las ciudades andaluzas se produjeron pequeños levantamientos debido a la falta de pan, el descontento por la alteración de la moneda —moneda de vellón—, la presión fiscal y las levas.

Política exterior

Monumento a Felipe IV en la Plaza de Oriente, presidida por el Palacio Real.

Tras la caída de Olivares los tercios españoles fueron vencidos por los franceses en la batalla de Rocroi en 1643. Por el Tratado de Westfalia, España reconocía la independencia de las Provincias Unidas y la conservación de Flandes.

La guerra de Francia continuó por la exigencia planteada sobre Flandes, el Franco Condado, y el Rosellón. Como en Francia se produjo una guerra civil y ya se había firmado la paz con Holanda, la balanza se igualó y los españoles vencieron a los franceses en Valenciennes en 1656.

Inglaterra y Francia pactaron en 1657 el reparto del Flandes español, así comenzaron unos fuertes ataques contra la Monarquía hispánica. La difícil situación económica en España y la derrota en la batalla de Dunkerque ante el ejército anglo-francés llevó al monarca a firmar la Paz de los Pirineos en 1659. Se cedía el Rosellón, la mitad de la Cerdaña, el Artois y otras plazas en el sur de esos territorios. Se estipuló también el casamiento de la infanta María Teresa de Austria, hija de Felipe IV, con Luis XIV de Francia, con una dote de 500 000 escudos. Así se impuso la hegemonía de Francia sobre España a los cien años del Tratado de Cateau-Cambrésis.

Continuó la lucha contra los portugueses los cuales ganaron dirigidos por Alfonso VI de Portugal en 1665 en la batalla de Villaviciosa, que puso fin a la esperanza de unión entre la Monarquía española y Portugal.

Muerte

A principios del mes de septiembre de 1665, el rey comenzó a sentirse mal, deponiendo heces sanguinolentas, lo que induce a pensar que cayó enfermo de disentería, de resultas de la cual falleció el 17 del mismo mes, no sin antes padecer notablemente a causa de la enfermedad. Fue enterrado en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial, tal como él mismo había dispuesto en su testamento.[9]