El caballero de la rosa | música

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En "El caballero de la rosa" (Der Rosenkavalier) Strauss se aleja de algunos rasgos vanguardistas que muestran sus óperas anteriores, cercanos a la atonalidad, y opta por un lenguaje más luminoso, donde el cromatismo de raíz wagneriana cede ante un esquema predominantemente diatónico.

Al igual que Wagner, Strauss utiliza una serie de motivos que identifican a los personajes y a las situaciones, y que aparecen a lo largo de la obra con distintas transformaciones.

El preludio se abre con el tema de Octavian a cargo de la trompa, brusco y enérgico, recordando a “Don Juan”, uno de los poemas sinfónicos del autor.

En este fragmento se expone por primera vez el tema que va a servir para describir los sentimientos de la Mariscala. Se trata de un tema que a pesar de no carecer de fuerza, muestra nostalgia y resignación.

El aria italiana del primer acto, “Di rigori armato il seno”, es una serenata sentimental que imita una página típica del repertorio tradicional. Es un fragmento pleno de lirismo, de gran exigencia vocal, que en su repetición contrasta con el diálogo entre el barón y el notario discutiendo los términos del contrato matrimonial, ante el cual el aria es interrumpida abruptamente.

La escena final de este acto comienza con el monólogo de la Mariscala, “Da geht er him”. Este personaje ya se había mostrado como amante experta y sensual en la escena con Octavian, y como dama frívola y noble en los diálogos con el barón. Ahora aparece como una mujer madura y reflexiva. En este fragmento Strauss utiliza instrumentos solistas que dan a la orquesta una sonoridad camerística que subraya el ambiente intimista de la escena. La aparición de Octavian es acompañada con una música apasionada y por momentos dramática, que contrasta con el tono sereno y melancólico de la Mariscala.

En el segundo acto se destaca la escena del encuentro entre Octavian y Sophie, “Mir ist die ehre widerfahren”, en la cual el acto de entrega de la rosa de plata se transforma en un dúo de amor. La melodía extasiada de Sophie llega hasta el extremo agudo en pianissimo, y el compositor logra a través de la música y el texto suspender y elevar a los personajes hasta colocarlos por encima del espacio y del tiempo. Se introduce el tema de la rosa de plata, con una orquestación sumamente original, que consiste en 3 flautas, 3 violines, celesta y 2 arpas, de modo que el sonido tenga matices plateados y sugiera el metal de la rosa. La escena concluye con un epílogo orquestal, en el que una intervención del clarinete indica la presencia del barón Ochs, y rompe el clima poético de la escena.

Un párrafo aparte merece el uso del vals como forma musical presente en muchos momentos de la partitura. Se trata de un anacronismo deliberado, ya que esta forma musical es del siglo XIX, y no era común en la época en que transcurre la acción. Uno de los fragmentos más célebres de esta ópera es el vals que está a cargo del barón en el segundo acto, “Ohne mich, ohne mich jeder tag dir so bang”. Si bien el barón se expresa mayormente con frases entrecortadas y recitadas, los momentos en que se expresa melódicamente son en general cuando lo hace con ritmo de vals. De esta manera, el uso del vals está ligado al personaje del barón. En lugar de la brillantez de los valses vieneses de Johann Strauss, los que se escuchan en esta obra están cargados de ironía y tienen un aire decadente.

El Acto III culmina con el trío entre la Mariscala, Octavian y Sophie, “Hab` mir`s gelobt”, una de las páginas más bellas de la producción operística de Strauss, en el que la Mariscala renuncia a su amor por Octavian, dando por cumplido aquello que había anunciado al final del primer acto. El compositor muestra su habilidad para combinar tres voces femeninas de timbre parecido sin que esto resulte monótono y confuso. Las voces entran en forma sucesiva, introduciendo variantes que crean una estructura cada vez más compleja.

La obra se cierra con el dúo de Octavian y Sophie, “Ist ein Traum, kann nicht wirklich sein”, en el que expresan mutuamente su amor, con los temas ya expuestos en el segundo acto.