Comunicación | signos
English: Communication

Signos

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Lo que se ve en la imagen no es Valladolid, sino una representación de la misma. Esta imagen sirve para evocar la idea del territorio de Valladolid. De la misma manera, tanto las nubes como el Sol son también unas representaciones que nos evoca la idea de que está tanto soleado como nublado.

Para comunicar algo sobre los objetos de la realidad, se usarán signos que representan a esos objetos. Las palabras, por ello, es el "nombre de las cosas".

Un signo es cualquier cosa que percibimos por los sentidos y evoca otro objeto o hecho diferente con el que mantiene una relación. Según la relación que se establece, existen tres tipos de signos.

  • Indicios: Basados en la relación causa-efecto entre dos hechos. Los indicios transmiten una información que hasta ese momento no se conocía.
  • Iconos: Basados en la relación de semejanza entre dos hechos.
  • Símbolos: Signos convencionales que mantienen una relación arbitraria con el hecho representado.

EL filósofo y escritor Umberto Eco, en su obra Il segno (Signo), realiza una descripción de lo que es un signo:

Estos signos no son fenómenos naturales; los fenómenos no dicen nada por sí mismos. Los fenómenos naturales «hablan» a Sigma, en la medida en que toda una tradición campesina le ha enseñado a leerlos. Así pues, Sigma vive en un mundo de signos, no porque vivía en la naturaleza, sino porque, incluso cuando está solo, vive en la sociedad; aquella sociedad rural que no se habría constituido y no habría podido sobrevivir si no hubiera elaborado sus códigos propios, sus propios sistemas de interpretación de los datos naturales (y que por esa razón se convertían en datos culturales).
Umberto Eco, Il segno, 1973.

También Jonathan Swift, autor de Los viajes de Gulliver, hace mención del signo lingüístico:

Después fuimos a la Escuela de Idiomas, donde tres profesores estaban deliberando para mejorar la [lengua] de su país. [Uno de los sistemas que proyectaban] era un sistema para abolir por completo todas las palabras y se encarecía como una gran ventaja en punto a salud y brevedad. Pues es manifiesto que cada palabra que pronunciamos es en cierto modo una disminución de nuestros pulmones por corrosión, y por lo tanto contribuye a acortarnos la vida. Se ofreció, en consecuencia, una solución: que como las palabras son solo nombres de las cosas, sería más conveniente para todos lo hombres llevar consigo las cosas que fueron necesarias para expresar el particular negocio que tuvieran que tratar [...] Vi con frecuencia a dos de aquellos sabios desfallecer casi bajo el peso de sus fardos, como los buhoneros entre nosotros; y cuando se encontraban en las calles, dejaban las cargas en el suelo, abrían sus sacos y conversaban una hora; después recogían sus enseres, se ayudaban mutuamente a echárselos a cuestas y se despedían
Jonathan Swift, Los viajes de Gulliver, 1726.