Carlismo | el carlismo durante el sexenio revolucionario
English: Carlism

El carlismo durante el Sexenio Revolucionario

Senadores y diputados de la minoría tradicionalista de 1871.

La Revolución de 1868 que destronó a Isabel II y el posterior Sexenio Revolucionario supusieron un gran resurgimiento del carlismo, que empezó a participar en la política parlamentaria.[54]​ y, en Barcelona, La Convicción y el satírico Lo Mestre Titas, entre otros. Por primera vez los carlistas concurrieron oficialmente a unas elecciones, y en las constituyentes de 1869 obtuvieron una veintena de escaños.

El 30 de junio de 1869 el pretendiente publicó una Carta-Manifiesto, conocida como «Carta de Don Carlos a su hermano Don Alfonso», en la que manifestaba que aspiraba a reinar en España y no a ser el mero jefe de un partido. Esta carta, redactada por Antonio Aparisi y Guijarro, que se convertiría en uno de los más íntimos colaboradores del pretendiente, fue reproducida por la prensa carlista, repartiéndose centenares de miles de ejemplares en hojas volanderas.[55]

Don Carlos quiso distanciarse de la idea de oscurantismo y absolutismo que muchos españoles asociaban al carlismo, y manifestó que no pretendía volver al pasado; quería dar libertad a la Iglesia y mantener los concordatos con la Santa Sede conculcados por el gobierno revolucionario, pero no deshacer las desamortizaciones; se proponía mantener la unidad católica, pero no restaurar la Inquisición, pues todo español debía ser un rey dentro de su casa. Su objetivo era establecer un gobierno genuinamente español, levantado, según el pensamiento de Balmes, sobre las bases antiguas, con una ley fundamental y Cortes representativas, pero sin partidos políticos. En el programa de gobierno del pretendiente, los municipios y diputaciones debían tener amplia autonomía administrativa; la propiedad legitimada debía ser intangible y el trabajo debería estar regulado con índices mínimos de retribución, leyes de retiro y seguro. En cuanto a la libertad de pensamiento y expresión, debía aceptarse sin restricciones todo progreso científico y ventaja cultural del extranjero, pero cerrarse absolutamente las fronteras «a la propaganda disolvente, antisocial, criminal o herética». De acuerdo con Aparisi y Guijarro, con estas ideas de Don Carlos, se podía formar una constitución veinte veces más liberal y menos imperfecta que la que hilvanarían Prim, Serrano y Topete. No obstante, según Arturo Masriera, a pesar del lenguaje sincero, tolerante y atractivo de Don Carlos, pocos se enteraron de aquel programa y los liberales mantuvieron su imagen altamente negativa sobre el carlismo.[56]

Grabado aparecido en el Illustrated London News el 10 de mayo de 1873 que representa al arzobispo de Granada denunciando a la República desde lo alto de su púlpito. Según este semanario londinense, la causa carlista encontraba en toda España inquebrantables partidarios entre el clero.

En agosto de 1869 se producía un primer intento de alzamiento a favor de Carlos VII, que fracasó debido a su mala organización, a consecuencia del cual fue fusilado, entre otros, el exalcalde de León Pedro Balanzátegui. En octubre de 1869 Don Carlos entregó la dirección político-militar del carlismo a Ramón Cabrera, quien dimitió en marzo de 1870 debido a discrepancias con el pretendiente y con notables figuras del movimiento carlista. Don Carlos decidió entonces asumir personalmente la jefatura del carlismo tras una conferencia que tuvo lugar el 18 de abril de 1870 en Vevey (Suiza) en la que reunió a los notables carlistas,[44]​ creando una junta central del partido que actuaba legalmente en España, la Comunión Católico-Monárquica, que presidía el marqués de Villadarias y que tenía como secretario a Joaquín María de Múzquiz y juntas locales en los ayuntamientos donde el carlismo tenía implantación. Se organizó también una red de casinos y centros carlistas para promover el ideario carlista, estrategia que se probó exitosa, ya que en las elecciones de 1871 el carlismo consiguió 51 diputados en el Congreso de los Diputados. Durante estos años, la llamada «partida de la porra» llevaría a cabo acciones violentas contra los periódicos y casinos carlistas.

Además de Aparisi, durante el Sexenio Revolucionario también asesoraron a Don Carlos pensadores como Antonio Juan de Vildósola, Vicente de la Hoz, Gabino Tejado, Francisco Navarro Villoslada y Bienvenido Comín.[12]

El nombramiento de Amadeo de Saboya en 1871 como rey de España disgustó enormemente a los católicos, que lo denominaron «el hijo del carcelero del Papa» y lo consideraban procedente de una casa usurpadora afiliada al carbonarismo y la masonería.[57]​ Meses después estallaba la Tercera Guerra Carlista, que duraría hasta 1876. Durante la contienda se sucederían en España la Primera República, la dictadura de Serrano y finalmente, tras el pronunciamiento de Martínez Campos, la restauración monárquica de Alfonso XII, que restó apoyos a los carlistas.