Carlismo | el carlismo durante la segunda república
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El carlismo durante la Segunda República

En 1935 la Comunión Tradicionalista hizo suya, como emblema del Requeté, la Cruz de Borgoña, bandera de los Tercios de Flandes.

El carlismo llegaba muy debilitado al comienzo del periodo republicano. Con la proclamación de la Segunda República Española, Don Jaime publicó un manifiesto en el que condicionaba su apoyo al régimen a la evolución que éste tomase,[72]​ afirmando que si la República tomaba un rumbo no moderado sino revolucionario, lucharía hasta la muerte «contra el comunismo antihumano al frente de todos los patriotas». Posteriormente los carlistas adoptarían una posición definida contra la República.

La proclamación de la República facilitaría la aparición de nuevos periódicos jaimistas en distintas regiones de España. En 1931 se fundó en Barcelona el semanario Reacción; en Pamplona, La Esperanza; en San Sebastián, La Tradición Vasca; en Bilbao, El Fusil; y en Lérida, El Correo de Lérida; a los que se sumaban los periódicos jaimistas que venían ya publicándose: el prestigioso diario El Correo Catalán de Barcelona, El Pensamiento Navarro de Pamplona, y los semanarios El Cruzado Español de Madrid, El Tradicionalista de Valencia, La Verdad de Granada, La Tradición de Tortosa, La Comarca de Vich, Joventut de Valls y Seny de Manresa, entre otros.[74]​ consideración que finalmente acabaría asumiendo el antiguo diario integrista El Siglo Futuro. Durante el periodo republicano irían apareciendo más periódicos afectos a la Comunión Tradicionalista.

La situación de España permitió el acercamiento de jaimistas, mellistas e integristas, que empezaron a actuar conjuntamente. Sin embargo, en las elecciones constituyentes de 1931 aún se presentaron sin haber formalizado su reunificación. Los jaimistas obtuvieron cuatro diputados, el conde de Rodezno, Joaquín Beunza, Julio de Urquijo y Marcelino Oreja, en una coalición vasco-navarra con el PNV, de la que fue excluido el integrista Manuel Senante por los nacionalistas por no ser vasco de nacimiento. Los integristas obtuvieron tres diputados, José María Lamamié de Clairac, Ricardo Gómez Rojí y Francisco Estévanez Rodríguez, en coalición con los agrarios.[75]​ A esta minoría tradicionalista, una vez unidas ambas formaciones, se sumaría después el diputado electo por Álava José Luis Oriol.

Don Jaime murió en París el 2 de octubre de 1931, a consecuencia de una caída de caballo. Le sucedió al frente del carlismo su tío, Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, hermano de Carlos VII. A pesar de tener 82 años, aceptó liderar el partido afirmando que lo hacía para cumplir con su deber.[76]

Mitin tradicionalista en el Teatro Bosque de Barcelona (1932)

Don Jaime había mantenido conversaciones con Alfonso XIII para la reunificación de sus ramas de la casa de Borbón, con la propuesta de establecer a Jaime como jefe de la casa de Borbón a cambio de que nombrara heredero al infante Don Juan, hijo de Alfonso XIII. Las negociaciones terminaron bruscamente con la muerte de Don Jaime, que había firmado con Alfonso XIII el pacto de Fontainebleau, pero Don Alfonso Carlos decidió no confirmarlo hasta a estar seguro de que el pacto salvaba los principios tradicionalistas. Finalmente no se llegó a ningún acuerdo definitivo con la dinastía alfonsina.[76]

Los integristas regresaron al carlismo a finales de 1931. En enero del año siguiente, Don Alfonso Carlos reorganizó la Comunión Tradicionalista con una Junta Suprema bajo la presidencia del marqués de Villores, de la que formaron parte el conde de Rodezno, Juan María Roma y Joaquín Beunza (antiguos jaimistas); Manuel Senante y José María Lamamié de Clairac (antiguos integristas) y José Luis Oriol (antiguo maurista).[78]​ Durante este periodo, el carlismo, como movimiento contrarrevolucionario plenamente opuesto a la República, adquirió nuevamente una gran fuerza en toda España, muy superior a la que había tenido en los años anteriores.

Discurso de Joaquín Beunza en Bilbao (1932)

El ambiente de tensión y radicalización que se vivía desde el final de la Dictablanda y el comienzo de la Segunda República se constata en los continuos enfrentamientos callejeros. El 17 de enero de 1931 se celebró en Bilbao un mitin tradicionalista que terminó en una colisión contra socialistas y republicanos saldada con tres muertos socialistas. En Pamplona también se produjo un enfrentamiento en 1932 entre carlistas y socialistas en el que murieron dos socialistas y en agosto del mismo año hubo una pelea en Letux (Zaragoza) en la que resultaron muertos algunos republicanos, entre ellos el alcalde del pueblo. En 1933 también se produjeron incidentes en Madrid, Zaragoza y Fuencarral, donde resultó herida una joven tradicionalista, María Luisa Leoz.[79]

El Marqués de Villores falleció en 1932, cuando las campañas de propaganda tradicionalistas habían extendido la vitalidad de la Comunión por todas las regiones de España. El anticlericalismo del bienio azañista propiciaría que se afiliasen al tradicionalismo muchos católicos opuestos al laicismo y el marxismo. De esta forma, el carlismo entró en una fase de expansión, aumentando la actividad y el número de los círculos o creándose secciones femeninas (las «Margaritas»). La Comunión Tradicionalista tuvo un importante respaldo en el País Vasco, Navarra, Cataluña y también en Andalucía, donde destacó rápidamente el abogado Manuel Fal Conde, que provenía del integrismo.

Tomás Domínguez Arévalo, conde de Rodezno

El 10 de agosto de 1932 se produjo el intento de golpe de estado del general Sanjurjo en Sevilla y Madrid. Aunque el carlismo no estuvo comprometido oficialmente, muchos tradicionalistas participaron en el mismo y sus juventudes tuvieron serios enfrentamientos con los partidos de izquierda. En Madrid murieron en el tiroteo tres carlistas: el estudiante José María Triana y los militares Justo San Miguel y Castillo. Como consecuencia de los sucesos de agosto, el gobierno tomó importantes medidas contra los partidos de derecha, suspendió los periódicos carlistas y encarceló a un gran número de afiliados tradicionalistas.[78]​ Además, a pesar del tímido apoyo inicial de algunos carlistas al Estatuto de Cataluña, el partido acabó por oponerse a él. Los carlistas de Álava y Navarra también se opusieron al Estatuto Vasco-Navarro, rompiendo sus relaciones con el PNV.

Para las elecciones generales de 1933 los tradicionalistas se pusieron de acuerdo con el partido monárquico Renovación Española, dirigido por Antonio Goicoechea, y constituyeron un centro electoral a fin de concurrir juntos a las elecciones: Tradicionalistas y Renovación Española (TYRE). Salieron elegidos como diputados, integrados en las listas de la coalición de la derecha, veintiún candidatos tradicionalistas por quince provincias distintas: el conde de Rodezno, Esteban Bilbao, Luis Arellano y Javier Martínez de Morentín, por Navarra; José Luis Oriol, por Álava; Marcelino Oreja, por Vizcaya; Francisco Estévanez, por Burgos; Miguel Martínez de Pinillos y Juan José Palomino, por Cádiz; Miguel de Miranda, por Logroño; Romualdo de Toledo, por Madrid; José Luis Zamanillo, por Santander; el obrero Ginés Martínez Rubio y Domingo Tejera, por Sevilla; Lamamié de Clairac, por Salamanca; Jesús Comín y Javier Ramírez Sinués, por Zaragoza; el barón de Cárcer, por Valencia; Joaquín Bau, por Tarragona; Casimiro de Sangenís, por Lérida;[80]​ Todos ellos constituyeron la minoría tradicionalista en el Congreso. La alianza radical-cedista y la amenaza marxista empujó a la Comunión Tradicionalista a una posición de extrema derecha, provocando la radicalización de sus bases.

Tras un fallido intento de aproximación con el destronado rey Alfonso XIII,[79]​ En abril de ese mismo año, Fal Conde ya había mostrado sus dotes de liderazgo como jefe tradicionalista de Andalucía Occidental, organizando la concentración y revista de los requetés sevillanos en la finca del Quintillo, donde desfilaron marcialmente y bien uniformados, lo que supuso una demostración de fuerza del carlismo andaluz frente a la denostada República. Los periódicos tradicionalistas, especialmente El Siglo Futuro lo compararon entonces con el caudillo carlista navarro Tomás de Zumalacárregui. Gracias a la labor de Fal Conde, el carlismo andaluz, sin tradición hasta entonces, había conseguido un enorme auge, llegando a ser conocida Andalucía como la "Navarra del Sur", con cuatro diputados tradicionalistas electos por la región.

Portada de El Siglo Futuro del 8 de abril de 1936 con el caudillo de la Comunión Tradicionalista, Alfonso Carlos de Borbón, junto a su sucesor como regente, Javier de Borbón Parma.

A lo largo de 1934 Fal Conde organizó los aspectos referidos a juventud, prensa, propaganda, hacienda y requetés. Durante la revolución de octubre de 1934, los carlistas asturianos, catalanes y vascos se pusieron de parte del gobierno central y se enfrentaron a los revolucionarios. Como consecuencia, fueron asesinandos el diputado Oreja en Mondragón; el párroco de Nava, José Marta; el veterano de la Tercera Guerra Carlista Emilio Valenciano en Olloniego; César Gómez en Turón; Carlos Larrañaga, exalcalde de Azpeitia, en Eibar, y otros.[83]

El monárquico alfonsino José Calvo Sotelo, líder de Renovación Española, propuso a finales de 1934 a los tradicionalistas una colaboración más estrecha formando parte del llamado Bloque Nacional. Los carlistas aceptaron la colaboración, pero manteniendo la independencia del partido. Los más entusiastas partidarios del Bloque eran Víctor Pradera y el conde de Rodezno.[87]

Como consecuencia de la enorme actividad tradicionalista durante este periodo, se formaron requetés en todas las regiones españolas bajo la dirección del diputado Zamanillo, y en 1935 se convocaron concentraciones carlistas en las que participó una multitud de personas.[88]

Aunque los carlistas estaban ya plenamente dedicados a la conspiración con los militares, participaron en las elecciones de febrero en las coaliciones de derechas (Frente Nacional Contrarrevolucionario y Frente Catalán de Orden) contra el Frente Popular y salieron elegidos como diputados el conde de Rodezno, Martínez de Morentín, Arellano, Oriol, Estévanez, Joaquín Bau, Lamamié de Clairac, Ginés Martínez, Sangenís, Jesús Comín, José Luis Gaytán de Ayala, José María Araúz de Robles, José María Valiente, Jesús Elizalde, y Jesús Requejo. Sin embargo, de los quince diputados tradicionalistas electos el nuevo gobierno anuló las actas de Granada, donde había sido sido elegido Arauz de Robles, e invalidó las de Lamamié de Clairac y Estévanez.[88]