Antiimperialismo | descolonización y las luchas de liberación nacional

Descolonización y las luchas de liberación nacional

A partir de la Segunda Guerra Mundial se produjo un auge en los llamados «movimientos de liberación nacional» en los países colonizados por potencias europeas. Ese auge se debió a varios factores:

  • Durante la guerra misma, millones de hombres y mujeres de las colonias participaron en el esfuerzo militar de los aliados occidentales, a fin de luchar por la independencia y libertad de sus respectivas metrópolis. Se calcula que solo de la India más de dos millones y medio de hindúes se enlistaron. Después de la guerra, se hizo cada vez más difícil convencerlos que esas metrópolis merecen tal libertad e independencia, pero ellos no.
  • Muchos de esos enlistados tomaron parte en el combate activo y experimentaron personalmente que la difundida creencia sobre la invencibilidad del «hombre blanco» era un mito.
  • Al terminar la guerra, las potencias coloniales estaban agotadas no solo material sino también moralmente. La ideología que había sustentado el colonialismo se hacía cada vez menos aceptable tanto entre la intelectualidad europea como para la opinión pública. Al mismo tiempo. se formó la Organización de las Naciones Unidas, que declara, en su carta fundamental que su propósito es, entre otros, «fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblo». Esto, sumada al agotamiento físico de las guerras, obligó a las potencias coloniales a repensar la relación con las colonias, a veces sobre la base de las propuestas de líderes independentistas, a veces sobre bases intermedias, tales como el Commonwealth o la Unión Francesa.

Por un momento parecía que el fin del colonialismo seria un proceso racional, pacífico. Dos eventos llegaron a simbolizar esa esperanza: la independencia de la India (1947) y el acuerdo a fin de instaurar un protectorado en Indochina en 1946. Sin embargo, y debido en gran parte a la intransigencia de las potencias europeas; que esperaban trato especial o se negaron a dar justicia y reconocer aspiraciones excepto donde no podían evitarlo, buscando así perpetuar sus privilegios a través de un sistema neocolonial; esas esperanzas no se concretaron y el periodo termina con el fracaso del protectorado británico en Egipto (1954) que sienta las bases de la Crisis de Suez (1956), el comienzo de la guerra de Argelia (1954) y la derrota francesa en la primera parte de la Guerra de Indochina (también 1954).

Todo lo anterior causó una ola mundial de luchas independentistas en Asia y África, durante los años sesenta y setenta, que encontraron gran resistencia de las revitalizadas potencias neocolonialistas europeas apoyadas o lideradas por Estados Unidos en el contexto de la Guerra Fría, de acuerdo a la Doctrina Truman. Entre las guerras de independencia que se desarrollaron en aquellos años pueden mencionarse Vietnam, Indonesia, Argelia, Angola, Congo, Zambia, Kenia, Tanzania, entre otras, dirigidas por líderes nacionalistas que desarrollaron conceptos y nociones adoptadas por el antiimperialismo, entre los que pueden mencionarse Nehru (India), Ho Chi Minh (Vietnam), Julius Nyerere (Tanzania), Franz Fanon (Argelia), Patrice Lumumba (Congo), Sukarno (Indonesia), Kenneth Kaunda (Zambia), notables por sus contribuciones teóricas y sus repercusiones a nivel mundial.

En América Latina

Estatua del patriota cubano José Martí[7]​ (1853-1895) con la tribuna antiimperialista de La Habana de fondo.

Simultáneamente en América Latina las fuerzas políticas orientadas a promover cambios sociales adoptaron programas de liberación nacional, abiertamente antiimperialistas. La expresión histórica de estas fuerzas, puede dividirse en dos etapas, con dos tipos de gobierno característicos:

Primera etapa

La primera etapa se inscribe en lo que se denomina el populismo latinoamericano (años cuarenta y cincuenta), caracterizada por los gobiernos democráticos, y cuyos ejemplos más destacables son los diez años de primavera de Guatemala (1944-1954), bajo los gobiernos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz, el gobierno de Juan Domingo Perón en Argentina (1946-1955), el gobierno de Getúlio Vargas en Brasil (1951–1954), el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río en México (1934-1940), la Revolución Boliviana de 1952 conducida por el MNR, el gobierno de Carlos Ibáñez del Campo en Chile (1952-1958), el gobierno de José María Velasco Ibarra en Ecuador (1944-1947 y 1952-1956), y la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla en Colombia (1953-1957), que fue la única dictadura militar populista de este período.

Posteriormente, con la irrupción de la Revolución Cubana (1958-1959), la enorme influencia de sus líderes Fidel Castro y Ernesto Che Guevara en todo el continente y de sus planteamientos políticos ( Primera y Segunda Declaración de la Habana), los movimientos antiimperialistas en Latinoamérica comenzaron a adquirir un cariz cada vez más influido por el comunismo y por la idea de lucha armada revolucionaria (entre las guerrillas más insignes que aparecieron en esta etapa, se pueden contar la Guerrilla de Ñancahuazú en Bolivia, las FARC y el ELN colombianos, el FSLN nicaragüense, los Montoneros y el ERP argentinos, el MIR chileno, los Tupamaros uruguayos, el FMLN de El Salvador y la URNG en Guatemala), y en paralelo comenzaron a proliferar las dictaduras militares por todo el continente bajo el influjo de la Doctrina de la Seguridad Nacional.

Segunda etapa

En este contexto se abre la segunda etapa de gobiernos antiimperialistas en América Latina, entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta, que se caracterizaron por ser dictaduras militares «excepcionales», que rompían la regla habitual de alineamiento con EE.UU. y llevaban adelante una política nacionalista y populista, y cuyos ejemplos más significativos fueron el gobierno de Omar Torrijos en Panamá (1968-1981), el gobierno de Juan Velasco Alvarado en Perú (1968-1975), los gobiernos de Alfredo Ovando Candía (1964-66 y 1969-70) y Juan José Torres (1970-1971) en Bolivia, el gobierno de Francisco Alberto Caamaño en República Dominicana (1965), o el gobierno civil bajo tutela militar de Julio César Méndez Montenegro en Guatemala (1966-1970). También en ese mismo período coexistieron dos gobiernos antiimperialistas democráticos: el del socialista Salvador Allende en Chile (1970-1973) y la tercera presidencia de Perón en Argentina (1973-1974), y a su vez se dio el triunfo de la Revolución Nicaragüense, de inspiración marxista-leninista, dirigida por el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que gobernaría Nicaragua entre 1979 y 1990.

Todos estos procesos de liberación nacional contra el colonialismo y el neocolonialismo en Asia, África y América Latina confluyeron en la creación del Tercer Mundo como una fuerza activa en el panorama internacional y buscando tomar distancia de los dos bloques que disputaban la Guerra Fría. El antiimperialismo constituyó uno de los fundamentos del pensamiento tercermundista.