Álvaro Núñez de Lara (m. 1218) | primeros años antes de la derrota

Primeros años antes de la derrota

Sepulcro del rey Enrique I de Castilla. Monasterio de las Huelgas de Burgos.
En el monasterio de las Huelgas, próximo a Burgos, se exhibe un bonete de color crema recamado de calderas de un tono rojizo. Data de comienzos del siglo XIII y su estado de conservación es casi perfecto, tras haber permanecido siglos herméticamente guardado en la tumba de piedra del rey Enrique I de Castilla (reinó 1214 a 1217). Pero el bonete no era de Enrique. Se piensa, en cambio, que perteneció a Álvaro Núñez de Lara, y las calderas pueden ser muy bien la más antigua representación del escudo heráldico de la familia (...) La presencia del bonete en la tumba del joven rey constituye una ilustración gráfica del predominio político de los Lara en este periodo; y, en cierto sentido, es también un símbolo del desastre que iba a abatirse sobre ellos.[4]

Al morir su padrastro, el rey Fernando II, Álvaro se estableció en la corte castellana donde ya se encontraban sus dos hermanos y a partir de enero de 1196, comenzó a confirmar diplomas regios.[2]​ La Crónica latina de los reyes de Castilla narra el desempeño del conde de Lara en dicha batalla:

Entonces don Álvar Núñez, que teníe la seña del rrey, quando no pudo fallar lugar por do entrasen, volvió las rriendas al cauallo e diole en las espuelas a desora e saltó dentro sobre los moros. E los caualleros, quando esto vieron, fizieron eso mesmo; desa guisa fue el corral quebrantado firiendo e mantando en los moros.[9]

En agradecimiento por el valor demostrado por el conde en la batalla que marcó un hito en la reconquista, el 31 de octubre de 1212 Alfonso VIII entregó la villa de Castroverde a Álvaro: «mi amado y leal vasallo (...) en recompensa por los muchos servicios voluntarios que me habéis prestado y fielmente cumplido, e igualmente esforzado por cumplir cada día hasta hoy mismo; y cuánto más en recompensa por el servicio, que debe ser particularmente encarecido, que me habéis hecho en el campo de batalla cuando portabais mi estandarte como un hombre valeroso».[b]

El infante Fernando, hijo de Alfonso IX de su primer matrimonio con Teresa de Portugal y heredero del corona de León, falleció en agosto de 1214 con veintidós años de edad.[12]

Sin embargo unos meses después, el 6 de octubre de 1214, falleció el rey Alfonso VIII de Castilla y la corte decidió que fuese su hijo Enrique I de Castilla el que heredaría la corona. Antes de fallecer, el monarca había encargado a los obispos, a su amiga la condesa Mencía López de Haro,[12]

Algunos nobles consideraron que la regencia de Berenguela se apoyó demasiado en el obispo de Palencia, Tello Téllez de Meneses, y en Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, lo cual indignó a los magnates y, según la Crónica latina de los reyes de Castilla, «una mayoría de los barones acordó que Álvaro Núñez fuera regente en nombre del rey y tomara a su cargo el cuidado del reino».[18]​ Fue en estas fechas cuando Álvaro recibió la dignidad condal.

De rebus Hispanie de Jiménez de Rada es la fuente principal para los acontecimientos ocurridos estos años recogidos en la Estoria de España. La objetividad del arzobispo en su relato de los hechos debería ser tomada con cautela debido a su simpatía por la realeza, su desprecio de los Lara y su empeño «en promover los intereses de Toledo sobre Santiago y Sevilla».[d]

En abril de 1216, haciendo gala de su poder, el conde de Lara confirmó un documento en el monasterio de Sahagún, reinando Enrique en Toledo y en Castilla y Albaro Nunnez totam terram sub eo regente, y desestabilizó la situación política al excluir a otros magnates del centro de poder.[21]

En la primavera de 1216, el conde intentó convencer al rey Alfonso IX para que su anterior esposa, la reina Berenguela, devolviera sus castillos. Pudo ser por este motivo que Berenguela decidió enviar a su hijo con su padre para asegurar la sucesión del infante en León. En esas fechas, por insistencia de algunos nobles se convocaron unas cortes a las que no asistió Berenguela, o bien porque no fue avisada o por decisión propia. Los magnates Lope Díaz de Haro, Gonzalo Rodríguez Girón, Álvaro Díaz de los Cameros, Alfonso Téllez de Meneses, y el arzobispo de Toledo Jiménez de Rada acudieron a Berenguela, que se encontraba en el Monasterio de Huelgas en Burgos para pedirle que interviniera y reaccionara ante los atropellos cometidos por el conde Álvaro.[22]

Poco después, el conde Álvaro se trasladó a Medina del Campo con el rey Enrique y después a Ávila donde fue armado caballero. Escribió a Berenguela, advirtiéndole que no debería actuar en contra de la casa del rey, o sea, contra la corte que él regentaba.[26]

En el otoño de 1216, el conde Álvaro, alegando que actuaba en nombre de Enrique I, reclamó a Berenguela la entrega de varios castillos, entre ellos los de Burgos, San Esteban de Gormaz, Curiel, Valladolid, Hita, así como los puertos en el cantábrico, todos conformando las arras entregadas previamente por Alfonso IX a Berenguela con motivo de su matrimonio.[30]