Los empeños de una casa

Portada del segundo tomo de las obras de Sor Juana, donde se incluye Los empeños de una casa.[1]

Los empeños de una casa es una de las piezas dramáticas de la producción literaria de sor Juana Inés de la Cruz. Se representó por primera vez el 4 de octubre de 1683, durante los festejos por el nacimiento del primogénito del virrey conde de Paredes;[2]​ coincidió con la entrada a la Ciudad de México del nuevo arzobispo don Francisco de Aguiar y Seijas.

La historia gira en torno a dos parejas que se aman pero, por azares del destino, no pueden estar juntos aún. Esta comedia de enredos es una de las obras más destacadas de la literatura hispanoamericana tardobarroca y una de sus características más peculiares es la mujer como eje conductor de la historia: un personaje fuerte y decidido que expresa los anhelos —muchas veces frustrados— de la monja. Doña Leonor, la protagonista, encaja perfectamente en este arquetipo.[3]

Es considerada, a menudo, como la cumbre de la obra en verso de Sor Juana e incluso de toda la literatura novohispana. El manejo de la intriga, la representación del complicado sistema de relaciones conyugales y las vicisitudes de la vida urbana constituyen a Los empeños de una casa como una obra poco común dentro del teatro en la Hispanoamérica colonial.[4]

Sinopsis

Doña Ana de Arellano y su hermano don Pedro residen en Madrid, pero deben trasladarse a Toledo por razones de negocios. En Madrid, Juan de Vargas conoció a doña Ana y la sigue hasta Toledo, donde se desarrolla toda la acción de la comedia.[6]

Ana se entera de que Leonor y ella aman al mismo hombre, y poco tiempo después llegan a casa de los Arellano don Carlos y su criado Castaño, en calidad de prófugos de la justicia. Ana les da asilo, y el enredo aumenta cuando Celia, la fiel criada de doña Ana, aloja en la misma casa a Juan de Vargas.[8]

Carlos envía a su criado Castaño, bajo amenazas, a explicar la penosa situación al padre de Leonor. Para no ser reconocido se viste con las ropas de Leonor, lo que aumenta los enredos. Vestido como Leonor se encuentra con Pedro, quien queda desconcertado ante la necedad, que él cree fingida, de su amada.[9]​ Entonces, el criado cambia su actitud y le promete que esa misma noche será su mujer. Al final todos los enredos se resuelven felizmente: Carlos queda con Leonor, Ana con Juan y Castaño con Celia. Don Pedro queda solo, principalmente por haber urdido todo el engaño para conseguir a una mujer que él sabía era un imposible.