Las criadas
English: The Maids

Las criadas (Les Bonnes en su título original) es una obra de teatro del dramaturgo francés Jean Genet, estrenada en París el 1947.[2]

La obra y su contexto

Incapaz de decir lo que es el teatro, sé muy bien lo que yo le niego que sea: la descripción de los gestos cotidianos vistos desde el exterior. Yo voy al teatro para verme en escena, [...] tal y como yo no sabría —o no osaría— verme o soñarme y, sin embargo, tal y como sé que soy.

Jean Genet, Como interpretar Las Criadas

Las criadas está escrita finalizado el periodo de entreguerras, terminada ya la II Guerra Mundial, en las postrimerías del apogeo de los grandes movimientos de masas y la lucha de clases, con oprimidos y opresores, dominados y dominadores, claramente identificados con sus propias clases.

La obra describe el submundo de las sirvientas, del subproletariado al que le estaría vedada la redención, en cierto modo un submundo que guardaría paralelismos con el del propio Genet.

Al estrenarse la obra, un crítico de teatro observó que las criadas no hablan como las de mi obra. ¿Y usted qué sabe? Yo pretendo que por el contrario sí, pues si yo fuera chacha hablaría como ellas. Algunas noches. Pues las criadas no hablan así más que algunas noches. Hay que sorprenderlas, ya sea en su soledad, ya sea en la de cada uno de nosotros.

Jean Genet, Como interpretar Las criadas

Genet la escribió cuando aun permanecía en la cárcel, podía perfectamente identificarse con los siervos, los dominados, con aquellos condenados a sobrevivir en la miseria sin poder esperar más glorioso destino que el de, rebelándose, la cárcel o la guillotina.

Está basada o guarda paralelismo (Genet negó que se basase en ese suceso) con el caso de las hermanas Papin, dos asistentas que asesinaron a la señora y a su hija sin que aparentemente mediara motivo justificado y sin premeditación, ensañándose seguidamente con sus cuerpos.

Como en Las criadas de Genet, la relación entre las sirvientas y la señora era aparentemente cordial; tras siete años al servicio en la casa, el testimonio de su señor, marido y padre de las víctimas, fue el de no tener ninguna queja sobre ellas, y ellas en el juicio no pudieron o no supieron justificar su crimen por un mal trato hacia ellas.

El detonante del crimen fue un incidente: se fundió el fusible del sistema eléctrico y no pudieron completar las labores de la plancha. A la llegada de la señora acompañada de su hija, la señora les recriminó por este hecho a lo que la mayor de las hermanas se abalanzó contra ella, intervino la hija y la menor salió en auxilio de la hermana con el resultado de que madre e hija acabaron muertas. Las dos hermanas se retiraron a su habitación, se tendieron en el camastro y esperaron abrazadas la llegada de los gendarmes.

El crimen conmocionó a Francia y también dejó entrever la situación del servicio doméstico. Lo aparentemente absurdo del crimen dio lugar a muy diversas justificaciones, llegándose a decir que aquellas que escogían el oficio de sirvientas lo hacían movidas por algún tipo de atraso mental o afectivo. Las estadísticas revelaron que las empleadas del servicio doméstico eran el colectivo laboral con mayor índice de ingresos en psiquiátricos y mayor número de intentos de suicidio, duplicando el número de ingresos previsibles por su proporción en la población y suponiendo en algún caso más del 80% de los intentos de suicidio de las internas en centros psiquiátricos.[3]

Genet, a propósito de Las criadas, escribió: «No se trata de un alegato sobre la suerte de las domésticas. Supongo que debe de existir un sindicato del servicio doméstico. Eso no me concierne».[5]

Con el paso del tiempo, el texto de Genet ha mostrado su fuerza; la ausencia de un enunciado explícito ha permitido que se analice desde muy distintos puntos de vista, desde el meramente psicológico al militante, posibilitando debates sobre la condición del ser humano y del ser humano en relación con la sociedad, debates sobre si se trata de un reflejo de la propia condición de su autor o un reflejo de la sociedad.[6]​ Incluso en sus aspectos formales ha permitido muy distintos montajes, desde aquellos más ajustados a sus notas a los más distantes.

Aunque Genet en sus notas sobre cómo interpretar la obra describe a sus personajes como femeninos, especificando cómo deben aparentar ser las actrices y cómo estas deben interpretar sus personajes, recurrentemente se ha montado con actores travestidos, quizá influidos por la homosexualidad de Genet quizá por el ensayo de Jean Paul Sartre en el que, reconocida la obra como un juego de espejos, este travestismo alcanzaría un nivel más de ese juego de espejos, aquel en el que el sexo de sus personajes llegase a formar parte del juego; también, Sartre cita una frase de Genet: "Si tuviera que hacer representar alguna pieza teatral en la que actuaran mujeres, exigiría que ese papel estuviera a cargo de adolescentes, y se lo advertiría al público por medio de un cartel que permanecería clavado a la derecha o izquierda del escenario durante toda la representación".[7]

En cualquier caso, aún hoy es una de las obras más representadas en salas convencionales y alternativas, permitiendo un extenso abanico de posibilidades actorales y de dirección. Al igual que sus distintos aspectos servir de base para los más diversos debates.[8]