José Zorrilla

José Zorrilla
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Información personal
Nacimiento21 de febrero de 1817
Valladolid (España)
Fallecimiento23 de enero de 1893
(75 años)
Madrid (España)
Lugar de sepulturaCementerio de San Justo
(hasta 1896)
Cementerio de El Carmen
(desde 1896)
NacionalidadEspañola
Educación
Educado en
Información profesional
OcupaciónEscritor
MovimientoRomanticismo
GéneroPoesía y teatro Ver y modificar los datos en Wikidata
Miembro de
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José Zorrilla y Moral (Valladolid, 21 de febrero de 1817-Madrid, 23 de enero de 1893) fue un poeta y dramaturgo español, autor del drama romántico Don Juan Tenorio.

Biografía

Vallisoletano, era hijo de José Nicomedes Zorrilla Caballero, un hombre conservador y absolutista, seguidor del pretendiente Carlos María Isidro de Borbón y relator de la Real Chancillería. Su madre, Nicomedes Moral, era una mujer muy piadosa. Tras varios años en Valladolid, la familia pasó por Burgos (donde fue nombrado gobernador el padre)[2]​ en Madrid, donde el padre trabajó con gran celo como alcalde de casa y corte y superintendente de policía a las órdenes de Francisco Tadeo Calomarde y el hijo ingresó en el Seminario de Nobles, regentado por los jesuitas; allí participó en representaciones teatrales escolares y aprendió bien el italiano:

En aquel colegio comencé yo a tomar la mala costumbre de descuidar lo principal por cuidarme de lo accesorio y, negligente en los estudios serios de la filosofía y las ciencias exactas, me apliqué al dibujo, a la esgrima y a las bellas letras, leyendo a escondidas a Walter Scott, a Fenimore Cooper y a Chateaubriand y cometiendo, en fin, a los doce años, mi primer delito de escribir versos. Celebráronmelos los jesuítas y fomentaron mi inclinación; dime yo a recitarlos imitando a los actores a quienes veía en el teatro, cuando alguna vez iba al del Príncipe, que presidían entonces los alcaldes de casa y corte, cuya toga vestía mi padre; híceme célebre en los exámenes y actos públicos del Seminario, y llegué a ser galán en el teatro en que se celebraban estos y se ejecutaban unas comedias del teatro antiguo, refundidas por los jesuítas; en las cuales, atendiendo a la moral, los amantes se transformaban en hermanos, y con cuyo sistema resultaba un galimatías de moralidad que hacía sonreír al malicioso Fernando VII y fruncir el entrecejo a su hermano el infante Don Carlos, que asistían alguna vez a nuestras funciones de Navidad. Don Carlos enviaba a sus hijos a nuestras aulas y a cumplir con la iglesia en nuestra capilla; a la cual había enviado Su Santidad Gregorio XVI su bendición y los cuerpos de cera de dos santos jóvenes mártires, degollados en Roma, [...] cuyas figuras degolladas me daban a mí tal miedo, que no pasé jamás de noche por delante de la capilla en cuyos altares laterales yacían.

[3]

Muerto Fernando VII, el furibundo absolutista que era el padre fue desterrado a Lerma y el hijo fue enviado a estudiar derecho a la Real Universidad de Toledo bajo la vigilancia de un pariente canónigo en cuya casa se hospedó; sin embargo, el hijo se distraía en otras ocupaciones y los libros de derecho se le caían de las manos[4]​ y el canónigo lo devolvió a Valladolid para que siguiera estudiando allí (1833-1836). Al llegar el díscolo hijo, fue amonestado por el padre, que marchó después al pueblo de su naturaleza, Torquemada, y por Manuel Joaquín Tarancón y Morón, rector de la Universidad y futuro Obispo de Córdoba.

Retratado por Federico Madrazo

El carácter impuesto de los estudios y su atracción por el dibujo, las mujeres (una prima de la que se enamoró durante unas vacaciones) y la literatura de autores como los ya mencionados (por ejemplo, cayó en sus manos El genio del cristianismo de Chateaubriand) y además Alejandro Dumas, Victor Hugo, el Duque de Rivas y Espronceda, que encontraba y leía en la casa de Pedro de Madrazo y Kuntz, una amigo que estudiaba derecho con él y sentía igual atracción por el arte, arruinaron su futuro como leguleyo. Por entonces descubrió que era sonámbulo: a veces se acostaba dejando un poema incompleto y se levantaba viéndolo acabado, o se acostaba con barba y se despertaba afeitado; pidió, pues, que lo dejaran dormir bajo llave.[5]​ El padre desistió de sacar algo de su hijo y mandó que lo llevaran a Lerma a cavar viñas; pero cuando estaba a medio camino el hijo robó una yegua a un primo, huyó a Madrid (1836) y se inició en su hacer literario frecuentando los ambientes artísticos y bohemios de Madrid, junto a su connatural Miguel de los Santos Álvarez, y pasando mucha hambre.

Se fingió un artista italiano para dibujar en el Museo de las Familias, publicó algunas poesías en El Artista y pronunció discursos revolucionarios en el Café Nuevo, de forma que terminó por ser perseguido por la policía. Se refugió en casa de un gitano. Por entonces se hizo amigo del barítono italiano Joaquín Massard y, a la muerte de Larra en 1837, a instancias de Massard, José Zorrilla compuso y declamó en su memoria un poema que le granjearía la profunda amistad de José de Espronceda, Antonio García Gutiérrez y Juan Eugenio Hartzenbusch y a la postre le consagraría como poeta de renombre, al que pertenecen estos versos:

Que el poeta, en su misión / sobre la tierra que habita, / es una planta maldita / con frutos de bendición

Comenzó entonces a escribir para los periódicos El Español, donde sustituyó al finado, y en El Porvenir, donde llegó a cobrar un sueldo de seiscientos reales; empezó a frecuentar la tertulia de El Parnasillo y leyó poemas en El Liceo; fue además redactor de El Entreacto, una publicación de crítica teatral. En 1837 apareció su primer libro, Poesías con un prólogo de Nicomedes Pastor Díaz; su primer drama, escrito en colaboración con García Gutiérrez, fue Juan Dándolo, estrenado en julio de 1839 en el Teatro del Príncipe. En 1840 publicó sus famosísimos Cantos del trovador y estrenó tres dramas, Más vale llegar a tiempo, Vivir loco y morir más y Cada cual con su razón. En 1842 aparecen sus Vigilias de Estío y da a conocer sus obras teatrales El zapatero y el rey (primera y segunda parte), El eco del torrente y Los dos virreyes. De 1840 a 1845, Zorrilla estuvo contratado en exclusiva por Juan Lombía, empresario del Teatro de la Cruz, en el que estrenó durante esas cinco temporadas nada menos que veintidós dramas.[6]​ Y era tan reconocido que a finales de 1843 recibió del Gobierno de España la cruz supernumeraria de la Real y Distinguida Orden de Carlos III junto a los también dramaturgos Manuel Bretón de los Herreros y Juan Eugenio Hartzenbusch.

En 1838 se había casado con Florentina Matilde O'Reilly, una viuda irlandesa arruinada dieciséis años mayor que él y con un hijo de su anterior marido José Bernal, pero el matrimonio fue infeliz; una hija que tuvieron murió al año de nacida, y él tuvo varias amantes; doña Florentina se vio invadida por unos celos patológicos y terminó de indisponer al poeta con su familia, le hizo abandonar el teatro y, finalmente, tras el fulgurante éxito de Don Juan Tenorio en 1844, concebido en una noche de insomnio y escrito en veintiún días, abandonarla en 1845 y emigrar a Francia y luego a México (1855), adonde llegaban todavía las cartas iracundas y los anónimos difamatorios de su mujer.

Tuvo que volver a Madrid cuando falleció su madre en 1846; de vuelta a París, imprimió en la Casa Baudry dos tomos de Obras de D,. José Zorrilla (I, Obras poéticas. II, Obras dramáticas) con una biografía de Ildefonso Ovejas; allí mantuvo amistad con Alejandro Dumas, Alfred de Musset, Víctor Hugo, Théophile Gautier y George Sand. Como había malvendido los derechos del Tenorio, no pùdo cobrar derechos de autor por sus muchas reposiciones y fueron vanos sus esfuerzos por recobrarlos. En 1849 recibió varios honores: fue hecho miembro de la junta del recién fundado Teatro Español; el Liceo organizó una sesión para exaltarle públicamente y la Real Academia lo admitió en su seno (aunque sólo tomó posesión en fecha tan lejana como 1885). Pero su padre murió en ese mismo año y eso le supuso un duro golpe, porque se negó a perdonarle, dejando un gran peso en la conciencia del hijo (y considerables deudas), lo que afectó a su obra. El puñal del godo y Traidor, inconfeso y mártir fueron grandes éxitos, algunos más en sus reposiciones que en sus estrenos.

Retrato de Zorrilla

Huyendo de su mujer otra vez, volvió a París en 1850, donde endulzó sus penas su amante Leila, a la que se entregó apasionadamente y de la que muy poco se sabe; allí escribió los dos tomos de su poema Granada. En 1852 la casa Baudry imprimió un tercer tomo de Obras poéticas y dramáticas. Viajó a Londres en 1853, donde le acompañaron sus inseparables apuros económicos, de los que le sacó el famoso relojero Losada; por entonces compuso su famosa Serenata morisca en honor de Eugenia de Montijo, quien en ese mismo año se había casado con el emperador Napoleón III;[9]

Un día, al sentarme a la mesa, la casa giró en torno de mí y la tierra me faltó bajo los pies; un gran ruido, como música y campaneo lejanos me resonó atronándome en el cerebro, y perdí el sentido. Levantome asustado Isidoro, y llamó inmediatamente a su médico; me hicieron acostar; sentía náuseas, vahídos y somnolencia. Así estuve cuarenta y ocho horas... Al tercer día me encontró el médico trabajando a las siete de la mañana; opinaron que había pasado el vómito, y se congratularon de ello. ¡Ay de mí! Era el primer amago de una afección epiléptica que combato hoy con unas dosis de bromuro que asustan al farmacéutico a quien por primera vez presento la receta del Dr. Cortezo, al cual, por ella, debo probablemente la vida.

[10]

En Cuba probó suerte en el tráfico de esclavos. Estableció una sociedad con el librero y periodista español Cipriano de las Cagigas, hijo de un reconocido negrero, para importar indios prisioneros de la guerra contra los mayas de Yucatán (México) y venderlos a las haciendas azucareras cubanas. Zorrilla compró una partida de indios en Campeche, pero la muerte de Cagigas por vómito negro (fiebre amarilla) liquidó el negocio,[11]​ y Zorrilla volvió a México en marzo de 1859. Llevó en ese país una vida de aislamiento y pobreza, sin mezclarse en la guerra civil entre federalistas y unitarios. Sin embargo, cuando Maximiliano I ocupó el poder como emperador de México (1864), Zorrilla se convirtió en poeta áulico y fue nombrado director del desaparecido Teatro Nacional.

Fallecida su esposa Florentina O'Reilly víctima del cólera en octubre de 1865, Zorrilla se encontró al fin libre para poder volver a España; embarcó en 1866 y pasó por La Habana, Saint-Nazaire, París, Lyon, Avignon, Nîmes y Perpignan y por fin el 19 de julio llegó a Barcelona.[13]​ Los periódicos hervían de noticias sobre el poeta, considerado una gloria nacional. La poetisa Carolina Coronado dio testimonio de ello:

Zorrilla, ¿qué ha sucedido? / ¿Qué nos tienes que decir? / ¿Qué ha pasado? ¿Qué has oído? / ¿Dónde estuviste metido? / ¿Cómo tardaste en venir?

[14]
Cortejo fúnebre a su paso por la calle de la Montera en Madrid (La Ilustración Española y Americana, 30 de enero de 1893)

El 14 de octubre marchó a Madrid, donde permaneció unos meses cuidando la edición de su Álbum de un loco; en marzo de 1867 volvió a viajar en busca de sus «lugares queridos», escribió el crítico Narciso Alonso Cortés: Torquemada (Palencia), donde estaban enterrados sus padres; y luego a Quintanilla Somuñó, la tierra burgalesa de su madre y de la "prima Gumis", su primer amor.[17]​ Desde entonces su fe religiosa sufrió un duro golpe. Se recuperó casándose otra vez con Juana Pacheco Martín el 20 de agosto de 1869 en Barcelona; ella tenía veinte años, él cincuenta y dos; Zorrilla era un manirroto y nunca supo administrarse: volvieron los apuros económicos, de los que no logran sacarle ni los recitales públicos de su obra, ni una comisión gubernamental en Roma, donde estuvo con su mujer entre 1871 y 1873, ni una pensión otorgada demasiado tarde, aunque recibe la protección de algunos personajes de la alta sociedad española como los condes de Guaqui. Los honores, sin embargo, llovían sobre él: el rey Amadeo I le concede la Gran Cruz de Carlos III; le nombran cronista de Valladolid (1884), lo coronan de laurel como poeta nacional en Granada en 1889, etc. Cansado de sus investigaciones para el gobierno español en Roma, a comienzos de 1874 decidió trasladarse a Francia, donde, en la región de Las Landas puso casa y se entregó, junto a su esposa, a la floricultura; allí pasaron dos años hasta que en diciembre de 1876 Zorrilla y señora se vieron abocados a volver a España y volvió a trabajar ofreciendo lecturas públicas de sus obras. Eduardo Gasset, editor de El Imparcial, le ofreció imprimir por entregas sus memorias: Recuerdos del tiempo viejo en su suplemento de los lunes; y a partir del 6 de octubre de 1879 empezaron a salir. Consumió los años de 1880, 81 y 82 en viajes y lecturas por toda España, esperando una pensión gubernamental prometida pero que no llegaba. En 1883 se embarcó en otra gira agotadora: tenía sesenta y seis años, y escribió: «No tengo una hora para descansar; ronco, cansado y falto de sueño, voy por ahí como un cuervo viejo». Inauguró el teatro que lleva su nombre en Valladolid en 1884. Allí se reasentó otra vez hasta abril de 1889, pero siempre haciendo giras.

Capilla ardiente de Zorrilla en el salón de actos de la Real Academia Española.

El 14 de febrero de 1890 fue operado en Madrid para extraerle un tumor cerebral; la reina María Cristina se apresuró para concederle entonces la pensión dos meses después; pero el tumor se reprodujo y falleció en Madrid en 1893 en otra operación. Sus restos fueron enterrados en el cementerio de San Justo de Madrid, pero en 1896, cumpliendo la voluntad del poeta, fueron trasladados a Valladolid. En la actualidad se encuentran en el Panteón de Vallisoletanos Ilustres del cementerio del Carmen.

En 1982 se inauguró en su ciudad natal el estadio del Real Valladolid C.F., que lleva su nombre.[18]