Imperio paleobabilónico

No confundir con el Imperio neobabilónico o caldeo del I milenio a. C.
Para otros usos de la palabra Babilonia, véase Babilonia (desambiguación).
Imperio Paleobabilónico
I dinastía de Babilonia

Mapa Tercera Dinastia de Ur.svg

1792 a. C.-1595 a. C.

Bandera
Elam Map.jpg
Assyrie general.PNG
Babilonia durante la dinastía Casitas Siglo XIII adC ES.svg

Ubicación de
CapitalBabilonia
Idioma principalAcadio (dialecto babilono antiguo)
Otros idiomasSumerio
GobiernoMonarquía hereditaria
Historia
 • Subida al trono de Hammurabí1792 a. C.
 • Fundación del reino amorreo
 • Inicio de la dinastía casita
 • Saqueo de Babilonia1595 a. C.

Se conoce por los nombres de Imperio paleobabilónico o paleobabilonio y Primer imperio babilónico al Estado creado por Hammurabi (1792 - 1750 a.C. según la cronología media)[1]​ La I dinastía, la amorrea, terminó en el siglo XVI a. C., a causa de la invasión del Imperio hitita. Poco después se inició la dinastía casita de Babilonia o periodo babilonio intermedio.

Por extensión se denomina periodo paleobabilónico a la época que comprende la I dinastía de Babilonia. Históricamente se corresponde con la decadencia de Sumer, encuadrándose entre el periodo de auge conocido como Renacimiento Sumerio y el dominio de Asiria. Comienza con un nuevo auge de las ciudades-estado sureñas después de que Ur entre en decadencia, acosado por las continuas invasiones provenientes del oeste. Al comienzo del periodo destacan los reinos de Larsa e Isin, que van cediendo terreno a los Estados del norte de Mesopotamia (Babilonia y, en segundo grado, Asiria).[2]

Historia

Decadencia sumeria e invasiones amorritas

En torno al año 1950 a. C. los pueblos amorritas, de carácter seminómada y origen semítico, invadieron Sumer y fundaron dinastías en varias de sus ciudades. Poco después los elamitas se hicieron con Ur, que hasta entonces había sido la gran potencia local. Estos cambios políticos propiciaron la anarquía en la región, dividida en pequeños países entre los que sobresalió Mari, primero, y Babilonia, ciudad elegida por los amorritas para centralizar su poder, después. Los primeros días de Babilonia como Estado independiente, sin embargo, quedan supeditados a otras potencias amorritas más inicialmente fuertes, sobre todo Isin, Nippur y Larsa, que compitieron entre sí durante doscientos cincuenta años.[4]

Las tribus amorritas fueron en realidad un conjunto de pueblos llamados mar.tu en sumerio y Amurru en acadio, palabras ambas que significan oeste. Probablemente estuvieron emparentados con los cananeos. Al llegar a Mesopotamia, hicieron suyas la lengua acadia y la escritura cuneiforme, aculturizándose. Los archivos reales de Mari los describen como pastores de cabras y ovejas que interrelacionan con poblaciones sedentarias. Eran nómadas, pero sus desplazamientos, limitados a las riberas y a otros lugares donde encontrar agua y tierras de cultivo, eran pequeños y de carácter anual. Se desconocen las razones que les empujaron hacia las llanuras mesopotámicas y el modo en que se asentaron y fundaron dinastías en las ciudades que lograron conquistar. Se sabe sin embargo que, más que gracias a su poder bélico, sus conquistas fueron posibles debido al deterioro del poder político y la economía sumerias, que coincide con el cierre de las principales rutas comerciales debido a su escasa protección y el retroceso cultural, todo ello causado por el vacío de poder que sucedió al fin de Ur III y que posibilitó innumerables rebeliones que debilitaron Sumeria. Parece que los amorritas se fueron apoderando de las tierras que quedaron abandonadas por estas causas. Una vez abandonadas las tierras desérticas de las que provenían, se sedentarizaron muy rápidamente y atacaron a otros amorritas aún nómadas.[5]

Algunas tribus amorritas fueron los haneos, los benjaminitas y los suteos. Estos últimos, beligerantes, rondaron la ciudad Babilonia, muchas veces alistándose en sus ejércitos y en los de los reyes sirios, pero salvo excepciones no dejan de ser nómadas. A comienzos del II milenio diversas tribus amorritas fundan sendas poderosas dinastías en Larsa, Isin y Uruk. El periodo fue surtido en fricciones y reinos efímeros. Gungunum (1932-1906 a. C.), soberano de Larsa, conquistó Ur, convirtiéndose en el nuevo poder hegemónico local, aunque lejos de lo que había sido Ur III, y se proclama Rey de Sumer y Akkad. Larsa tiene bajo su control los dos grandes puertos del golfo Pérsico: Lagash y Ur, con lo que basa su poder en el comercio de metales preciosos y cobre. Gungunum llegó incluso a conquistar Susa, aunque por poco tiempo. No obstante, en tiempos de su hijo Abisare la ciudad de Isin cobra importancia como segundo poder regional. Isin conquista Ur y sus soberanos obtienen así el título de Reyes de Sumer y Akkad. Pero el nuevo reino es efímero, siendo destruido sólo tres meses después por el hijo de Abisare, Sumuel (1894-1866 a. C.), que reconquistó Ur y se hizo con las ciudades de Kazallu, Kish y Nippur. Al final de su reinadon una hambruna provocó el alzamiento de la población, que provoca la creación de una nueva dinastía, cuyo primer rey reconstruye Larsa y Eridu. Su hijo derrotó y asoló las ciudades-Estado de Babilonia y Ešnunna, pero por contra no pudo atajar las rebeliones de Uruk e Isin. En el año 1835 a. C. Larsa fue conquistada por Kazallu, aunque sólo durante un año. Larsa vivirá, bajo Warad-Sin primero y Rim-Sin después, un nuevo periodo de esplendor a finales del siglo XIX a. C. Babilonia, Isin y Uruk se aliaron en contra de Larsa. La alianza entre estas ciudades fue promovida por Uruk a través de emparentamientos políticos durante el reinado de Sin-Hashid. La coálición no tuvo éxito y Rim-Sin logró añadir Uruk e Isin a su dominio. El dominio de Larsa acabó ahí, pues en el año 1763 a. C. Hammurabí conquistó Larsa tras una campaña brutal. Por su parte, el valle del Diyala, en aquella época más urbanizado que la Baja Mesopotamia, no cayó bajo dominio amorrita. Todas sus ciudades eran vasallas de otra potencia local, Ešnunna, a excepción de Tuttub durante un corto espacio de tiempo. Paralelamente emerge como potencia Mari, antiguamente gobernada por ensi, delegados de Ur. Mari gana poder a partir de Iahdun-lim (1825-1810 a. C.), probablemente un amorrita de la tribu de los haneos. Iahdu-lim restaura las defensas de Mari y de Terqa, ciudad vasalla, funda una nueva población y construye un gran sistema de irrigación. Mari y Terqa, no obstante, caen pronto bajo el dominio de Assur, otra potencia local, aunque sólo hasta que el hijo de Iahdu-lim, Zimri-lin, exiliado en Alepo, logra recuperar el trono de Mari y convierte Mari en un gran núcleo comercial, aliado de Babilonia, Alepo y los pequeños reinos del Habur. Mesopotamia era, tras la caída de Ur III y la llegada al trono de Babilonia de Hammurabí, un crisol de pequeñas ciudades-Estado y de ciudades vasallas, entre las cuales ninguna destacó mucho tiempo. En este contexto Hammurabí cambió la configuración territorial, al conquistar un imperio mucho mayor.[5]

Ciudad-Estado

Sobre los inicios de Babilonia como ciudad-Estado se conoce poco. La ciudad, ocupada por una tribu amorrita, fue administrada por un ensi desde la caída de Ur III. En el año 1894 a. C. Babilonia es, por primera vez en su historia conocida, independiente durante el reinado de Sumu-Abum,[5]

A comienzos del siglo XIX a. C. la ciudad de Sippar, situada unos 70 km al sur de Babilonia, fue conquistada por ésta. Se cree que esta conquista pudo haber sucedido a finales del reinado de Sumulael, pues los textos datados a comienzos de su reinados nombran hasta tres gobernantes de una Sippar independiente.[9]

Imperio

Babilonia bajo Hammurabi.

Hammurabí, que gobernó a finales del siglo XVIII a. C. y a comienzos del XVII, fue el sexto rey de la dinastía amorrita de Babilonia. Hammurabí fue capaz de vencer a los elamitas en el sur de Sumer y a los asirios en el norte, unificando la mayor parte de Mesopotamia bajo su mando. Creó una serie de divisiones administrativas y puso un gobernador al frente de cada una. No obstante Babilonia no era un imperio fuertemente unido, como se demostró durante el reinado de su hijo Samsu-Iluna.[10]

En 1763 a. C. Hammurabí no sólo logró conquistar Larsa, sino también Ešnunna, las dos grandes potencias cercanas a Babilonia.[5]

Samsu-ilana tuvo que hacer frente a una serie de revueltas que terminaron con la independencia de las regiones del sur, lo que conllevó la pérdida de la franja costera del golfo Pérsico para Babilonia. Dichas revueltas comenzaron en Larsa, ciudad a la que accedió el usurpador Rim-Sin II. Éste consiguió instigar sendas insurrecciones en Isin, Ešnunna, Ur y Uruk. Samsu-ilana se vio obligado a intervenir militarmente, llegando a destruir Ur y Uruk. La debilidad que esto supuso fue aprovechada por Elam, que atacó el sur del imperio. Samsu-ilana, incapaz de actuar en todos los frentes, perdió finalmente el control de Isin, que dirigida por el rey Iluma-Ilum, ganó la costa.[12]

A la muerte de Samsu-iluna, el imperio había entrado claramente en decandencia. Perdidos gran parte de sus territorios, se limitaba a la porción central de Mesopotamia. Las inscripciones parecen dar a entender que el poderío militar de Babilonia fue menguando. Durante el reinado de Abi-Eshuh (1711-1684 a. C.) el imperio se enfrentó repetidamente a los casitas.[14]

La tónica fue la misma en tiempos de su sucesor, Ammi-ditana (1683-1646 a. C.), quien mandó construir diversas fortificaciones. Su sucesor, Ammi-Saduqa (1646-1626 a. C.) logró recuperar la plaza de Nippur. El último rey de la I dinastía fue Samsu-ditana, quien murió durante las guerras entre babilonios e hititas.[13]

El saqueo de Babilonia. La dinastía casita

En el año 1595 a. C. los hititas saquearon la ciudad de Babilonia y acabaron definitivamente con su imperio.