Guerras púnicas
English: Punic Wars

Evolución de las posesiones cartaginesas en el transcurso de las guerras púnicas

Se conoce con el nombre de las guerras púnicas a los tres conflictos armados que enfrentaron entre los años 264 a. C. y 146 a. C. a las dos principales potencias del Mediterráneo occidental de la época: Roma y Cartago.[2]

En el estallido del conflicto influyó de gran manera la anexión por parte de Roma de la Magna Grecia, en el sur de la península itálica, pero la causa principal del enfrentamiento entre ambas fue el conflicto de intereses entre las colonias de Cartago y la expansión de la República de Roma.[3]​ El primer choque se produjo en la isla de Sicilia, parcialmente bajo control cartaginés. Al principio de la primera guerra púnica, Cartago era el poder dominante en el mar Mediterráneo occidental, pues controlaba un extenso imperio marítimo, mientras que Roma era el poder emergente en el centro de la península itálica. Al final de la tercera guerra púnica, y después de décadas de conflicto, Roma conquistó todas las posesiones cartaginesas y arrasó la ciudad de Cartago, su capital, con lo que la facción cartaginesa desapareció de la historia.

Roma se convirtió así en el estado más poderoso del Mediterráneo occidental, lo que sumado al fin de las guerras macedónicas[5]​ en el Mediterráneo oriental, convirtió a la República romana en el poder dominante en el Mediterráneo. La derrota aplastante de Cartago supuso un punto de inflexión que provocó que el conocimiento de las antiguas civilizaciones mediterráneas pasara al mundo moderno a través de Europa en lugar de África.

Historia

Tras la anexión por parte de Roma de la Magna Grecia, ocurrida a principios del siglo III a. C., la rivalidad entre Roma y Cartago por el dominio del Mediterráneo occidental se acrecentó.

Los inicios del conflicto se remontan al momento en el que la ciudad de Mesina, originariamente griega pero en poder de los oscos, fue atacada por Hierón II de Siracusa. Los griegos de Sicilia se resistieron a prestar ayuda, por lo que los oscos decidieron solicitar auxilio a Roma. Los cartagineses apoyaron por su parte a Hierón, cercando de manera conjunta el enclave de Mesina. Finalmente, Roma repelió el sitio, lo que supuso que Hierón desistiese, rompiendo su alianza con Cartago y negociando con Roma. El final de este conflicto local no sólo no puso fin a la lucha entre las dos potencias, sino que sirvió para su recrudecimiento.

La base cartaginesa de Agrigentum fue tomada por Roma en el año 261 a. C. y en el año 260 a. C. vencieron a los cartaginenses en Mylae.[3]

Los romanos habían logrado crear una poderosa flota que les confirió supremacía naval. Sin embargo, Roma sufrió una importante derrota cuando atacaron Cartago en forma directa. Tras vencer a los cartaginenses en Palermo, en el año (251 a. C.), fueron derrotados en Dreana (249 a. C.).

Los romanos fortalecieron su flota, diezmada por derrotas y tempestades, y en el año 241 a. C. lograron el triunfo definitivo en la costa occidental de Sicilia, en las islas Égadas, tras la que se firmó el tratado de Lutacio. El tratado recibió su nombre al ser llamado así Cayo Lutacio Cátulo, impulsor del acuerdo. Dicho tratado supuso duras consecuencias para los cartagineses: devolución de prisioneros, la evacuación de la isla de Sicilia y el abono de una cuantiosa indemnización. Así terminó la primera guerra púnica.

Aprovechando los romanos una revuelta entre los propios cartagineses, en el año 238 a. C., se apoderaron de Cerdeña y luego de Córcega. Para hacer frente a sus pérdidas, los cartagineses intentaron extender sus dominios hacia Hispania, estableciendo un acuerdo con Roma para realizar sus conquistas al sur del río Ebro. Se sucedieron en el mando de las tropas cartaginesas Amílcar Barca, Asdrúbal y finalmente Aníbal, en el año 221 a. C., quien atacó la ciudad de Sagunto, ubicada en la zona acordada, pero aliada de Roma. Tras rechazar a los emisarios romanos, que pedían su rendición, los cartagineses y romanos se enfrentaron nuevamente.[3]

Aníbal se dirigió hacia Italia para luchar contra los romanos, cruzó los Alpes, logrando el apoyo de los galos, que habitaban la llanura del Po, logrando vencer a los romanos en las márgenes del Ticino y del Trebia, y en el año 216 a. C. la batalla de Cannas (Apulia),[3]

La Batalla de Zama según un grabado de Cornelis Cort (1567).

Poco tiempo después los romanos vencieron en Capua y luego en Siracusa y en Hispania, los hermanos Escipiones derrotaron a Asdrúbal, y luego recuperaron Sagunto (214 a. C.), aunque fueron derrotados los Escipiones y muertos en el año 211 a. C. En el año 209, Escipión el Africano tomó Cartagena y en el 210 a. C. triunfó en Baecula. Asdrúbal fue definitivamente derrotado por Nerón cuando se dirigía a Umbría para unirse a Aníbal, quien se retiró a África, lugar que abandonó para dirigirse a Cartago, donde el ejército a cargo de Publio Escipión intentaba imponerse. La batalla de Zama, en el año 202 a. C. significó la victoria definitiva de Roma, donde Cartago fue condenada económicamente, viéndose privada de su flota y confinada a un área restringida. Este es el fin de la segunda guerra púnica. La tercera guerra púnica fue realizada por motivos económicos, ya que Cartago, a pesar de su derrota, era una gran competencia en el comercio del Mediterráneo.[3]

Aprovechando que los cartagineses respondieron ante el asalto de Horóscopo en su defensa, pero como no podían hacerlo sin permiso romano, decidieron atacar. Los cartagineses trataron de descomprimir el conflicto condenando a muerte al jefe militar Asdrúbal y a sus hombres, y brindando a Roma sus excusas, pero fue inútil, tras lo cual decidieron rendirse. Cartago recibió la orden de ser destruida, pero los habitantes se reorganizaron a las órdenes de Asdrúbal a quien se le había concedido un armisticio a su condena a muerte, y lograron resistir el sitio romano, hasta que el nieto adoptivo de Escipión el Africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano, en el año 147 a. C. logró rodear completamente la ciudad, que comenzó a sufrir el desabastecimiento. En el año 146 a. C. los romanos lograron entrar a la ciudad, entablándose una lucha encarnizada de seis días, donde vencieron los romanos y la ciudad fue destruida. Al término de las guerras púnicas (llamadas así por ser la denominación que los romanos daban a los cartagineses, pueblo de origen fenicio) las islas de Sicilia, Cerdeña y Córcega, el norte de África, y el sur y el este de España se convirtieron en provincias romanas.[3]