Escuela Médica Salernitana

Una miniatura que representa la Scuola Medica Salernitana de una copia de los Cánones de Avicena.

La Escuela Médica Salernitana (en italiano: Scuola Medica Salernitana) fue la primera escuela médica medieval y estaba situada en la ciudad de Salerno, región de Campania, Italia, siendo la mayor fuente de conocimiento médico de Europa en su tiempo. Se habían acumulado textos de tratamientos médicos árabes en traducciones griegas en la biblioteca de Montecassino, donde fueron traducidas al latín; la tradición de Hipócrates, Galeno y Dioscórides que habían recibido fue enriquecida por la práctica médica árabe y judía, conocida a través de contactos en Sicilia y el norte de África. Como resultado, los practicantes de la medicina de Salerno, tanto hombres como mujeres, no tenían rival en el Mediterráneo Occidental por sus conocimientos. Su fama cruzó fronteras, como prueba el hecho de que manuscritos salernitanos se encontraban en numerosas bibliotecas europeas y eran citados por cronistas de la época.

El encuentro de diferentes culturas permitió una enseñanza médica que nacía de la síntesis y la comparación de distintas experiencias, como se evidencia en la leyenda que atribuye la fundación de la escuela a cuatro maestros: el judío Helinus, el griego Pontus, el árabe Adela y el latino Salernus.

La Escuela Salernitana se fundó en el siglo IX alcanzando su máximo esplendor entre los siglos X y XIII, desde las últimas décadas de poder de la Lombardía Menor (durante las cuales su fama salió del ámbito local) hasta la caída de los Hohenstaufen. Algunos autores la consideran la primera universidad europea.

Fundamento e importancia de la escuela

Los fundamentos de la Escuela se basaban en la síntesis de la tradición greco-latina complementada por las nociones provenientes de la cultura árabe y judía. Representa un momento fundamental en la historia de la medicina por la innovación que se introduce en el método y por su apuesta por la profilaxis. El enfoque se basaba sobre todo en la práctica y la experiencia, abriendo así el camino al método empírico y a la cultura de la prevención.

De particular importancia, desde el punto de vista social, es el papel jugado por las mujeres en la práctica y en la enseñanza de la medicina, pues eran aceptadas como profesoras y alumnas en claro contraste con las posteriores universidades, donde la presencia femenina estará prohibida hasta finales del siglo XIX.