Don Pelayo

Pelayo
Príncipe de los Astures
Pelayo en la batalla de Covadonga BNE Mss 2805 f 23r (detalle).jpg
Don Pelayo según una miniatura medieval conservada en la Biblioteca Nacional de España.
Información personal
Reinado718-737
NacimientoDesconocido
Fallecimiento737
Cangas de Onís, Asturias
EntierroSanta Cueva de Covadonga
PredecesorTítulo creado
SucesorFavila
Familia
Casa realAstur-leonesa
PadreDuque Favila
ConsorteGaudiosa
DescendenciaVéase Matrimonio y descendencia

Pelayo o Pelagio, Pelagius en latín y Belai al-Rumi en árabe (f. Cangas de Onís, 737) es considerado el primer monarca del reino de Asturias, que rigió durante 19 años. Su origen aún sigue siendo controvertido, aunque en la actualidad la mayor parte de los investigadores no lo consideran un noble visigodo, sino un caudillo astur, y destacan que las crónicas que lo afirman fueron escritas casi dos siglos después de su muerte.[3]

Se le ha considerado tradicionalmente como el fundador del Regnum Asturorum, aunque recientes investigaciones arqueológicas sugieren que podría haberlo hecho sobre una organización política local previa.[4]

Las Crónicas

Monumento a Don Pelayo en Cangas de Onís, Asturias

Son dos las principales fuentes escritas de la monarquía astur que nos hablan de la existencia de Pelayo. La más extensa de estas crónicas es la llamada Albeldense, texto escrito alrededor del 880 en la corte de Alfonso III. Coetánea a la anterior, y nacida en el mismo medio, es la denominada comúnmente como Crónica de Alfonso III, en sus dos versiones, Rotense y Culta. Sin embargo, constituye un gran acuerdo entre los autores que se han ocupado de ellas las contaminaciones introducidas por sus autores mozárabes. El propósito general de estos relatos era asentar una ficción de continuidad entre el Reino visigodo de Toledo y el primitivo Reino Astur[7]​.

  • En la versión Rotense de la Crónica de Alfonso III, Pelayo aparece como un antiguo espatario de Witiza y Rodrigo que huye con su hermana de la dominación musulmana. Pese a su huida, Pelayo, ya en Asturias, entra en estrecho contacto con Munuza, el gobernador musulmán de Gijón. Este, enamorado de la hermana de Pelayo, manda al noble godo a Córdoba de donde Pelayo conseguirá escapar en el 717 y tras un dramático regreso logra ponerse a salvo entre los astures, a los que poco más tarde conseguirá sublevar tras hacerse nombrar su príncipe.
  • En la versión culta de la Crónica de Alfonso III se prescinde del trasfondo novelesco, aunque no se contradice en lo fundamental, y Pelayo, junto con otros godos de sangre real, se refugia en Asturias tras el 711 y es elegido príncipe. Esta crónica le atribuye una filiación: Pelayo es hijo de Fáfila o Favila, duque de sangre real.
  • La Crónica Albeldense propone una versión diferente de los hechos: Pelayo, expulsado de Toledo por Witiza, se refugia en Asturias. Cuando se produce la invasión musulmana subleva a los astures y acaba con las guarniciones islámicas de la región acantonadas en Gijón, incluyendo a su jefe Munuza.

Los tres textos coinciden en dibujar un personaje legendario que responde a los ideales de los miembros de la comunidad mozárabe refugiados en la corte de Alfonso III, a saber: ser godo (no-musulmán), haber emigrado (no-colaboracionista) y practicar un cristianismo sin concesiones (no-renegado) y son en su mayor parte creaciones literarias[9]​.

Lo más insólito, sin embargo, se encuentra en la llamada Crónica mozárabe escrita por el obispo Isidoro en el 754, y por tanto muy cercana temporalmente a los hechos y que pretende ser una continuación de la Historia de los Godos (Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum) de Isidoro de Sevilla. Sería lógico ver detallados en esta Crónica los acontecimientos por los que un noble godo, supuesto hijo de un supuesto dux godo, reinstaura en el norte la monarquía visigoda de Toledo, convirtiéndose en el sucesor lineal de Rodrigo, pero pese a todo ello el nombre de Pelayo no aparece ni siquiera mencionado, lo cual da a entender que para el obispo Isidoro la formación del nuevo reino de los astures y su Prínceps Pelayo tenían muy poca o ninguna importancia para la historia de los reyes godos.