Adventista

Ilustración titulada «Cristo viniendo en gloria», publicada en 1921.
Los adventistas se distinguen por su énfasis en la creencia de que el regreso de Cristo a la tierra es inminente.

Se denomina adventista a un miembro de cualquier grupo de iglesias cristianas protestantes que remontan su origen a los Estados Unidos a mediados del XIX y que se distinguen por su énfasis en la creencia de que el regreso personal, visible y glorioso de Cristo —es decir, la Segunda Venida— es inminente, una creencia compartida por muchos cristianos. Si bien la mayoría de los grupos adventistas son relativamente pequeños, la Iglesia Adventista del Séptimo Día se ha convertido en un organismo mundial importante, con congregaciones en más de 200 países y una membresía que supera los 20 millones.[1]

Historia

El movimiento adventista se originó a raíz de las ideas de William Miller, un granjero bautista estadounidense que comenzó a predicar durante el Segundo Gran Despertar religioso, ocurrido durante la primera mitad del XIX. Miller —que se había convertido a la fe bautista durante la década de 1820— comenzó a estudiar la Biblia, especialmente los libros proféticos de Daniel y Daniel 8:14, que hablaba de un periodo de 2300 días, concluyó que Cristo regresaría alrededor de 1843. Comenzó a predicar sus descubrimientos en 1831, y pronto emergió como el líder de un movimiento popular. A medida que se acercaba el año 1843, Miller predijo más específicamente que Cristo volvería entre el 21 de marzo de 1843 y el 21 de marzo de 1844.

Miller y sus seguidores se enfrentaron a grandes burlas debido a sus predicciones. Aunque las expectativas aumentaron cuando un cometa apareció repentinamente en el cielo nocturno en marzo de 1843, sintieron una gran decepción cuando la Segunda Venida no se produjo en marzo de 1844. Después de este primer fracaso, uno de los seguidores del movimiento, Samuel S. Snow sugirió una nueva fecha, el 22 de octubre de 1844. Aquel día, entre cincuenta mil y doscientas cincuenta mil personas esperaron ansiosamente la segunda venida de Cristo.​ Cuando nada extraordinario ocurrió, los milleritas quedaron profundamente decepcionados.​ El acontecimiento pasó a ser conocido como el Gran Chasco,​ y la mayoría de los creyentes abandonó el movimiento.[2]

Entre los que continuaron aceptando la profecía de Miller estaban Joseph Bates, James White y la esposa de White, capítulos 8 y 9 del libro de Daniel, llegaron a la conclusión de que Cristo había comenzado la «purificación del santuario celestial», es decir, un juicio investigador —una acción invisible para el ojo humano— que luego sería seguido por el pronunciamiento y la ejecución de la sentencia, un evento visible futuro. En 1844, según su punto de vista, Dios había iniciado un examen de todos los nombres en el Libro de la Vida, y solo después de que esto se completara, Jesús volvería de forma literal y visible a la tierra, acontecimiento que los adherentes a esta postura continuaron considerando inminente, aunque evitaron en lo sucesivo señalar una fecha concreta.[3]​ También llegaron a creer que el sábado, el séptimo día de la semana, debía ser observado como día de reposo por los cristianos. La práctica de la adoración en el sábado le dio a la denominación —establecida en 1863— un nuevo nombre: la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Los adventistas del séptimo día también creían que Ellen G. White tenía el don de profecía, y sus escritos dieron forma a las creencias y prácticas posteriores de la iglesia.

Otros grupos adventistas surgieron durante el XIX. Algunos, como la Iglesia Cristiana del Advenimiento y la Unión Vida y Advenimiento —que se fusionaron en la Iglesia Cristiana del Advenimiento en 1964—, rechazaron tanto el estado profético de Ellen White como la observancia del séptimo día. Otro grupo inspirado por Miller y las enseñanzas adventistas fue la Asociación Internacional de Estudiantes de la Biblia, fundada por el predicador Charles Taze Russell en 1872. Cambiando su nombre a Testigos de Jehová en la década de 1930, se convirtió en el segundo grupo exitoso en surgir del movimiento millerita. Otra iglesia sabatista, la Iglesia de Dios Universal, surgió en la década de 1930; en su apogeo en la década de 1980, registraba más de 100 mil miembros. Durante la década de 1990, la Iglesia de Dios Universal se involucró en un proceso de reevaluación doctrinal que lo llevó a renunciar a las creencias que había heredado del adventismo y a unirse al evangelicalismo.[2]

Desarrollo de las primeras ramas del adventismo después de 1844 en el XIX, excluyendo los cismas posteriores.